sábado, 29 de junio de 2013

Jlamour, mucho jlamour... (del 21 al 23 de junio de 2013)



Otro fin de semana para el agujero (y van…). En esta ocasión, nos juntamos Marta y Zape, Cristóbal, Wychy, Cardín y los Pedros. Por una vez, la cosa va más o menos según el horario previsto, y pasadas las siete salimos del club para los Collados. Petates a la espalda, y para Rubicera. El marmite que me he metido entre pecho y espalda con los compañeros asalta mi gaznate cuesta arriba y cuesta abajo. La zona de los pasamanos está un tanto húmeda, para ir ambientando y tal. Para las nueve pasadas ya estamos disfrazados y entrando en la cueva, donde se repite el cotidiano mantra: bloques, estrechez, galerías, cuesta, gatera, megagatera, pozo y vivac.  A las once, preparando el “sabroso” (ejem) cus-cus que nos ha mercado Marta, aderezado por no sabemos exactamente qué (un par de sopas diferentes, los diversos mohos que los cubiertos han acumulado durante este mes…). Nouvelle cuisin de la mala… Al ir a cargar agua a la “fuente” se me olvida que no llevo casco, y un techo se encarga de recordármelo con un buen golpe que me tumba en el suelo… En fin, nada que no cure una dormidina de las buenas… Magnífica droga que nos evita soportar mutuamente nuestros gases, ronquidos y estupìdesces varias (o, como dice Zape, nuestro "jlamur").

El "jlamour" del Tuercebotas...



Al día siguiente desayunamos moho con galletas, preparamos el material, y salimos pitando un poco antes de las nueve de la mañana. Las cuerdas de los pozos cada vez están más finas y cubiertas de un barro repugnante, lo que no ayuda a hacer más llevadera la “excursión” hasta el fondo. Vamos todos juntos hasta la cabecera del P.70, y allí nos dividimos: Pedro y Wychy irán a mirar un par de incógnitas al fondo de ese pozo, y Cristóbal y los castreños ídem a otras. Cardín y yo iremos a topografiar la galería que habían dejado pendiente la entrada anterior, y a continuar su exploración. Como diría el Maestro Yoda, desde este momento nuestros caminos discurren por sendas diferentes (o algo así).

Ante todo, organización (criminal)



Grupo A
Cristóbal, Pedro H, Wychy, Zape y Marta bajan el pozo de 70 para continuar la exploración de las incógnitas dejadas hace varias entradas. Este pozo es precioso aunque no apto para cardíacos, ya que continuamente y sin saber por qué ni de dónde, caen pequeñas piedrecitas de las paredes.

Aterrizamos en una amplia galería descendente con continuación hacia arriba y hacia abajo. Decidimos revisar las incógnitas hacia abajo; mientras unos equipan un P-20?, otros hacen una travesía hasta una ventana en la cabecera de ese mismo pozo que acabaría siendo una galería que terminaba en una gatera de arena que soplaba.

El pozo nos lleva hasta unas galerías enormes llenitas de barro. En ellas todo es marrón, ¡¡todo!! , hasta el techo, sólo aparecen algunas manchas blancas redondas en las zonas más altas del techo, a las que no ha llegado el agua en la crecida. Pero estas manchas están muuuuyyyyy altas, lo que nos da una idea de lo que debe subir el nivel… La galería es descendente, con enormes lenguas de barro que nos hacen pensar que pronto encontraremos un sifón. Efectivamente, unos metros más abajo un pequeño sifón nos cierra el paso. Cómo dice algún poeta de los que vamos: “Estamos en el mismísimo culo del Mortillano”.


¿Paleocoliflor? Ello explicaría lo de los gases en los vivacs...


Retrocedemos y probamos suerte haciendo una pequeña escalada de unos 4 metros hasta una ventana y ¡¡bingo!! logramos ir más allá, bajamos otro pozo de 15 metros y llegamos a otras galerías enormes también llenas de barro. Aquí no nos cierra el paso un sifón sino un caos de bloques infranqueable bajo el que se escucha circular con fuerza un río.

También aquí todo es marrón pero de vez en cuando en el suelo aparecen unas manchas redondas blancas, que al acercarnos vemos que son hongos que han crecido alrededor de los cadáveres de una especie de escolopendras (Nuria, ¿está bien utilizada aquí la palabra cadáver?). También encontramos gusanos (vivos), restos de hojas, ramitas y pequeños trozos de plástico en las zonas altas de las montañas de barro.


Revisamos la enorme sala y se hace una escalada “low cost”, ya que apenas nos queda material. Todo es puro barro y cuesta subir. Tras un primer intento fallido, con salto de spit y escalador incluidos (menos mal que el barro es blando), otro aguerrido explorador  intenta acabar el trabajo empezado y consigue llegar arriba, a otras pequeñas galerías que dejamos en un pequeño pozo entre bloques y con un aporte de agua.

Es tarde y no tenemos ni un centímetro de cuerda, así que dejamos todo topografiado, fotografiado y volvemos para el vivac. A las 20:00 estamos en la cabecera del P-70 y donde nuestros caminos discurrieron por sendas diferentes pero no hay señales de los compañeros del otro equipo. Les dejamos una nota y empezamos a subir hacia el vivac.



Grupo B
Cardín y Pedro M. vamos a la galería explorada parcialmente la vez anterior. Decidimos no cambiar la instalación del pozo de acceso, pues tras quitar un montón de bloques la vez anterior ya no hay riesgo de pedradas.  Tras admirar los ramilletes de excéntricas que hay cerca del cruce (una verdadera pasada), comenzamos la faena. Las primeras tiradas son a rastras, con algún paso entre bloques poco simpático, lo que no augura nada bueno. Sin embargo, Cardín dice que luego todo cambia (a mejor, por una vez), y no se equivoca. Poco después, las galerías van cogiendo tamaño. Lo que no nos cuadra mucho es la dirección: la referencia que teníamos de los aguerridos exploradores del anterior vivac era que se dirigían al Norte; sin embargo, las galerías van tendiendo al Este, suponemos que paralelas a todo lo recorrido para llegar hasta acá. Un poco más allá, en una zona tapizada de mineralizaciones blancas, encontramos el esqueleto de un animal relativamente grande (un tejón, probablemente). En los laterales dejamos un buen número de incógnitas sin mirar, ninguna de gran tamaño, pero…

Topografiamos hasta el punto en el que lo habían dejado la vez anterior (llevamos casi medio kilómetros), y comemos. Después, la galería cambia de forma, y llegamos a una zona de grandes dimensiones, tapizada por un barro muy  pegajoso (recuerda al que años atrás encontramos en Tanhausser, Garma Ciega). Desgraciadamente, parece que aquí acaba la cosa: un enorme caos de bloques colapsa la galería. Dejamos los petates y empezamos a hocar entre bloques. Pero los pequeños tubos y pasos estrechos no tienen aire, y todos acaban cerrándose. Al de una hora o así, pruebo en la zona derecha de la enorme galería. Tras quitar unos bloques y pasar entre otros con mal color, alcanzo una zona más amplia. Avanzo unos metros y veo que la cosa sigue, así que vuelvo para atrás para avisar a Cardín. Sin embargo, no soy capaz de encontrar el paso por el que he venido. Algunos de los bloques se han movido al pasar, y no acierto a ver el estrecho paso. Tras un buen rato de comunicarnos a base de grietos, y quitando un par de piedras más, logro salir por otro estrecho paso. 

Hemos estado dos horas arrastrándonos entre bloques, y decidimos dejar la mayor parte del material acá y continuar. Tras la zona caótica, la galería recupera unas buenas dimensiones, pero desaparecen los bloques. Nuevos cruces quedan pendientes de mirar. Llegamos a una salita en declive, con concreciones, y curiosamente aquí la galería parece más descendente que antes. Más cruces abandonados, un nuevo esqueleto más deteriorado (de algo más grande que un lirón, desde luego), y… llegamos a un nuevo cruce. Pero en este caso, una chimenea trae un nuevo río que se sume en un pozo de varios metros. Optamos por seguir la galería de la derecha, que sigue con buen tamaño, hasta un nuevo cruce enorme. Allí, de nuevo la galería de la derecha (Este), que se va estrechando progresivamente. Dejamos una amplia sala (sin revisar) a la  izquierda), y continuamos por una zona de dimensiones más reducidas, arenosa. Allí encontramos multitud de huellas de algún animal, pero el tiempo se nos echa encima y optamos por darnos la vuelta. De regreso, tomamos un par de tiradas más en el cruce más grande por tener una idea de las direcciones. En total, más de 1.300 metros topografiados.

Pero ahora queda lo peor, el retonno. Piano piano volvemos hacia el pozo de 70. El resto de la tropa ya ha subido para el vivac hace un par de horas. Hace rato que se nos ha acabado el agua (en toda esta zona no hay ni un solo lugar en el que cargar), y comienza a notarse en el cuerpo. Tengo un considerable dolor de cabeza, y las gateras y los pozos de subida no contribuyen a mejorarlo. Finalmente, a eso de la una y media de la mañana llegamos al vivac, donde nos esperan unos tortellinis aguados como recompensa. Recompensa que cedo gustosamente al Rubio, ya que la cabeza lo único que me pide es saco y dulces sueños.

No habrá dulces sueños (ni no dulces), pero sí algo de descanso. Y al día siguiente, tras un desayuno abundante, para la calle (de paso, descubro que al pantin no sólo le faltan los dientes, sino también parte del cuerpo). Ya en el exterior, y como no podía ser menos este año, lluvia. Al menos, durante el camino de regreso al coche va escampando. Allí nos espera Nuria (eso sí que es un sol y no la porquería amarillenta del cielo) con unas birras y lomo, que nos hacen olvidar las penalidades pasadas. La tripada posterior también colaborará al respecto.

Conclusión: más de dos kilómetros de nuevas galerías topografiadas, y el sistema supera ya los 129 kilómetros. Superamos así al sistema ucraniano Ozerna (127,7 kilómetros), y nos convertimos en la 14º cavidad mundial. Como decía el otro, para un pueblo y a oscuras, no está mal…

Lo dicho, MUCHO JLAMOUR...

Momento en el que Marta coge el herpes...

Texto: Marta Candel y Pedro Merino.
Fotos: Martaca Candel y Pedro González Hierro.

miércoles, 19 de junio de 2013

Goffres y gafes (mayo 2013)



Otro fin de semana sin nada mejor que hacer nos encuentra a Wychy, Pedro y servidor en el club, preparando el material para entrar de vivac a Rubicera. En el último momento (y van…) aparece el Rubio, que se apunta también a la excursión. Por una vez, ni nos llueve ni lo amenaza durante la aproximación, por lo que disfrutamos del paseo (bueno, no). Nos cambiamos y para adentro, llegando al vivac a la hora estimada. Cena regada con vino, y dormidina de postre.

El sábado madrugamos y comenzamos a preparar el material. Esta vez, en lugar de bajar al fondo, optamos por revisar cosas pendientes más cerca del vivac. Wychy y Pedro se van a explorar y topografiar el río que nos encontramos por la derecha justo antes de la gran sala en declive. El Rubio y yo bajamos al fondo de dicha sala a hacer una escalada a lo que parece ser un meandro colgado. El primer grupo comienza a remontar el río, por bonitas galerías, hasta que lo deja en una escalada ascendente, junto con otra incógnita. Un ramal lateral les sitúa en otra red de galerías, por las que curiosamente salen muy cerca del vivac (concretamente, ejem, a… le toilete). También comunica con una pequeña red de laminadores colgados al inicio del río, que queda topografíada, y sólo queda pendiente (amén de las otras incógnitas antes mencionadas) una pequeña galería de reducidas dimensiones que se va estrechando. Como los goffres que han visto (ver foto) abre su apetito, al vivac a preparar la cena...


Nosotros comenzamos la escalada con problemas: se nos ha olvidado la cuerda de escalada. Con resignación (y miedo), cojo una estática y empiezo. Llego a la repisa situada a unos 10 metros, y allí se abre un pocete de unos seis metros que bajamos, seguido de otros tres, que nos sitúa en una rampa descendente que acaba dando en mitad de la pared del P.40. Sin embargo, al asomarse, parece verse algo de cierto tamaño a unos metros. Sin embargo, no tenemos cuerda… Desinstalamos todo hasta la cabecera de la escalada y sacamos la comida… momento en el que descubrimos que NO se nos había olvidado la cuerda de escalada (snif). Tras comer, comenzamos en esa cabecera otra escalada a una repisa situada otros 10 metros por encima. Lamentablemente, al de 8 metros se acaba la batería. Hoy no es nuestro día. Dejamos la escalada clavada, topografiamos lo hecho y retrocedemos para revisar laterales de galerías aún por mirar. En el tramo fósil (el río discurre por una galería paralela) encontramos una galería que al de unos 80 metros nos lleva al punto en el que Pedro y Wychy habían dejado la topo, y cerramos. Lamentablemente, una tirada antes también se nos ha muerto el disto.  Lo dicho, no es nuestro día.


Como aún no es tarde, nos acercamos a la Galería de Zothique a revisar los laterales que quedaron pendientes. Todos se cierran, pero al revisar el caos de bloques por el que viene el río, logramos quitar un par de ellos y pasar. Tras un par de pasos en el que hay quitar alguna piedra inestable, logro remontar unos 40 metros aguas arriba, hasta otra estrechez (¿penetrable?). La zona es caótica y estrecha, y poco recomendable en época de lluvias (o sea, que este año no es recomendable). Decidimos volver al vivac a eso de las nueve de la noche, donde nos encontramos a los otros dos, que han llegado hace un rato. Cena (esta vez, con orujo), y al catre, que mañana hay escuela…

 Y el domingo, lo de siempre, salida con calma hasta la boca, y a disfrutar de otro día que no llueve (ya es a todo lo que aspiramos). De camino al coche, un agujero por el que sopla aire llama nuestra atención (una desobstrucción realizada una semana después dará paso a una salita y… nada más). En los coches está Nuria, en plan grupi, con birras y algo de papeo, que saben a gloria… En total, el fin de semana ha dado unos 700 metros de topografía, con lo que superamos ya los 127 kilómetros. Las agujetas, también de record…

viernes, 17 de mayo de 2013

Dormidina...(3 al 5 de mayo)

 Texto y fotos: Marta Candel

A las 7 de la tarde del viernes estamos en Ramales con la comida comprada, el material preparado y listos para salir el komando andaluz (Marta y Cristóbal) y uno de Comillas (Moisés) despidiéndonos de Zape y Wichi… cuando …ring ring… Cardín decide venir …ring…ring… que le esperemos 20 minutos… 15 juramentos después aparece a toda velocidad, sabía que si llegaba después de esos 20 minutos se iba a encontrar solo. En este club no hay piedad para el indeciso.

Después de un rato de tensión por la incorporación de última hora, a las 21:30 nos entorcamos.
Cuando llegamos al vivac y nos preparamos para cenar se pasa de rosca la botella del hornillo… mientras unos intentan hacer un remiendo para que aquello no salte, coja presión y podamos comer caliente otros buscan entre la comida que hemos traído algo que se pueda comer sin cocinar para los tres días que vamos a estar aquí dentro: atún, pan y embutido. Si el hornillo no termina de funcionar va a haber crisis. Conseguimos hacer que funcione, aunque dejamos la botella fuera de la tienda por si revienta el invento. A la 1 conseguimos meternos al saco con la tripa caliente.

A las 7:30 toca diana. Decidimos ir hacia la zona de las oseras, a completar algunos tramos de topo que quedaban pendientes y a seguir la punta dejada por Wichi y los Pedros en cabecera de un P-40??
Mientras Cristóbal y Marta van haciendo la topo, Moisés y Cardín van revisando por delante hasta llegar a la cabecera. El pozo resulta ser una gran rampa inclinada de la que sale una galería después de bajar unos 20 metros. Moisés y Cardín continúan la exploración pozo abajo y el komando Andaluz sigue la topo por la galería. Topografiamos casi 300 metros de galerías con formaciones blancas como el merengue y excéntricas más cercanas al mundo vegetal que al mineral. Cada pocos metros encontrabas una sorpresa que nos arrancaba un grito o una ovación. 

Estas galerías multiorgásmicas tienen dos ramificaciones que se cierran: 1.- en una chimenea de 14 metros, que escalamos, a la que llegan pequeños tubos freáticos y en la que se nota aire fresco. 2- en una grieta de la que sale una colada con algo de agua pero nada de aire. 



De vuelta encontramos una nota en la entrada de una pequeña galería que chupaba aire y que habíamos dejado pendiente, a unos 40 metros del inicio de la galería, Mois y Cardín han debido terminar el pozo y han seguido por ahí.

Salimos de la galería y volvemos al pozo. Seguimos con la topo. El pozo baja unos 20 metros más y sigue una gran diaclasa desfondada en una serie de pozos. Antes de bajar el último pozo, seguimos una galería pequeña ramificada que nos lleva hasta la zona de las huellas de pequeños animales, muy cerca del P-70. Volvemos hacia atrás y al bajar el último pozo de la diaclasa aparecemos en el punto topográfico 64, del día 9 del 3 de 2013, junto al oso durmiente.

Escuchamos las voces de los compis, desequipamos todo y nos reunimos en la cabecera. Queda pendiente continuar la exploración y hacer la topo de esa pequeña galería que tragaba aire por la que Mois y Cardín se metieron. Queda la cuerda en la cabecera, que está instalada, pero que hay que meter algún anclaje más abajo para llegar en condiciones a la galería lateral en la que quedó la punta para el próximo día. Son las 20:15 cuando arrancamos para arriba. Con la emoción de tantos hallazgos subimos como rayos y a las 22:30 estamos en el vivac.

Por suerte el hornillo funciona y también hoy cenamos abundante y caliente.
Ya metidos en los sacos la dormidina hace de las suyas.
* ¿Te está entrando ya el sueño, Epi?
* No Blas, todavía no. Pero si dejaras de reirte igual haría efecto antes.
* ¿Y a ti por qué no te da risa Epi?
* No lo sé, Blas.
* Epi, ¿te has dormido ya?
* Hasta que me hablaste sí, Blas. Te escucho muy lejos. ¿qué haces ahí abajo Blas?
* Que tengo que poner velcro al saco Epi, que con la risa me escurro para abajo…
* Pues deja de reirte, Blas…
* Ya se me pasa Epi, ya me entra el sueño…
* A ver si es verdad Blas… 

¡¡Buenos Días alegría!!
Nos han dado las 8:15 en el saco, algo increíble con tanto gallo madrugador como tiene este grupo. Desayunamos rico, hacemos recuento de lo que queda y lo que hace falta y salimos para la calle.
A las 12 de la mañana estamos ya en los coches. ¡¡Hace un día precioso!! Cómo se agradece el solecito… 


Zape ha venido a recibirnos. Empezamos la ronda de cervezas y rabas en una terraza colgada en el valle del Asón. ¿Qué más se puede pedir a un fin de semana?

lunes, 13 de mayo de 2013

Sin pan y con vino también se hace camino (26 al 28 de mayo)


Y otra vez de vivac: el camello no nos ha traído nada güeno para pasar el finde, así que hemos pensado que la mirabilita esa que hay allá abajo igual coloca… De todas formas, por si las moscas, Wychy, Pedro y yo hemos pensado que mejor vamos sobre seguro, y recurrimos a lo clásico: orujo y vino para hacer más llevadera nuestra mutua compañía.



Así pues, el viernes estamos a las siete de la tarde en el club, con los trastos en los petates y rumbo a Rubicera. El tiempo aguanta (a ver si nos vamos a acostumbrar a entrar sin mojarnos), y para eso de las nueve pasadas estamos en la boca. Aprovechando que el frente estresado del club se ha quedado fuera, vamos tranquilamente hasta el vivac, al que llegamos hambrientos. Allí descubrimos que ninguno nos hemos acordado de comprar pan, siendo el primero de una serie de olvidos culinarios no dignos de mención. Tras el vinarro y la frugal cena se impone el catre, y a él nos vamos sin más dilación.











 
El sábado nos levantamos temprano, y para las ocho pasadas ya estamos en ruta. En la zona de las gateras de abajo, en un cruce que teníamos sin mirar, y tras arrastrarme unos metros, encuentro un pocete que da paso a un meandro perpendicular, pero optamos por ir a topografiar lo que en el vivac anterior (no reflejado en el blog porque HAY MUCHO VAGO en esto de la tecla), no pudieron topografiar Wychy el Rubio (olvido –no culinario- del disto). Subimos hasta la galería en la que se encuentran los restos del segundo oso, y allí comenzamos la topografía tras comer (sin pan, claro). Durante la topo encontramos más huesos, con pinta de ser más antiguos que los que habíamos visto previamente. Se trata de una zona de gateras muy laberíntica, que dará más de 700 metros de topo. Todas ellas, sin embargo, convergen en un eje principal, en cuyo punto más alejado llega un pequeño aporte desde el techo, por una colada. Allí dejamos alguna cosa pendiente, pero sin mucho interés. Pedro y Wychy vuelven al comienzo de la galería, comenzando una travesía y escalada que les permite acceder un nuevo conducto que, unas decenas de metros más allá, se desfonda en un pozo de unos 40 metros, que se queda sin bajar por falta de cuerda. De mientras, sigo topografiando ramales de las gateras, en los que hay preciosos filamentos de minerales y curiosas excéntricas.

Acabadas las gateras y la cuerda, optamos por tripear de nuevo (y de nuevo sin pan) y, dado que la mirabilita aún no ha mostrado propiedad lisérgica alguna, subir para el vivac a eso de las nueve de la noche más o menos. La vuelta se hace pesada y con calma: gateras, pozos, barro… y llegamos al vivac a la una de la mañana, donde nos regalaremos con una cena a base de pasta y sin tomate (ni pan, ¿lo he comentado ya?). Al menos el orujo no nos abandona.

El domingo nos levantamos bastante entumecidos, pero con ganas de salir pitando de este antro. Desayuno (sin pa… vale, vale, no me repito más), recuento de material, ordenar el vivac (bueno, no), y para arriba. Piano piano, llegamos a la calle y… coño, tampoco llueve, joder que raro… Ya cerca del coche nos encontramos con Nuria, que ha venido a darnos la bienvenida con birras y papeo. Esto es lo que se llama un final feliz… y no me vengáis con cochinadas, tíos guarros, que siempre estáis pensando en lo mismo…