miércoles, 16 de septiembre de 2026

Fast and furious // Slow and flaccid (5-9-26)

 Fast and furious Slow and flaccid

 


Las masas se preguntan que qué hostias hacemos, que no publicamos nada.  Pues la respuesta es sencilla: nos hemos pasado a pilates. Sí, sí: a pilates: es decir, a sacar PIedras, LAstras y TESteros. Y claro, eso no da para muchas crónicas interesantes (pero sí para consumir ibuprofenos en cantidades industriales, y cambiar de rodilleras y mono cada tres meses).

Pero bueno, algún día recordamos que la espeleo -en tiempos- no era solo arrastrarse cual cucaracha de BOX, desempolvamos el arnés, y nos vamos a alguna cuevilla. Y eso es lo que hicimos el otro día, cuando nos conjuramos para retornar a la Sima del Yermo, la última cavidad que hemos unido al Mortillano.

Quedamos a las 10:00 porque uno de los miembros del club auguraba noche toledana. Sin embargo, el perjudicado fue otro de los habituales. Y es que el Milagruco de milagruco no tiene nada, pero deja resacas tamaño familiar.

 


Así que nos encaminamos hacia la cueva Marta y Zape, Gelo, Pedro, Cristóbal y Maider (estos últimos, para alivio de Maider, solo hasta la boca). Entramos y pronto estamos en el bello pozo de 70 (bueno, si es que un pozo puede ser bello, cosa que dudo). Ya en el río, remontamos varias cuerdas hasta que llegamos a la zona de la punta. Allí, Zape hace una trepada y se mete por un meandro superior, muy desfondado (con un potencial tabanazo considerable) y acaba llegando a la sala fósil que ya conocemos. Pero allí mismo llega un pequeño aporte. Haciendo de tripas corazón me arrastro por el agua, intentando no empaparme, y accedo a un estrecho meandro sobre arenisca. Lo sigo unos 70-80 metros hasta una bifurcación; me asomo a ambos ramales, y parece que sigue (el derecho, con mucho aire). Vuelvo con el resto, y decidimos dejarlo para la vuelta.

Ellos han mirado un par de incógnitas pendientes (se cierran), y ahora toca el plato fuerte: escalar a lo que parece una sala superior, en una zona de bloques inestables. Zape se pone al tema asegurado por Marta, mientras Gelo topografía y yo me echo en una esquina, intentando pasar desapercibido para que no me manden hacer nada.


 

Tras unas cuantas cabriolas, Zape llega a la parte de arriba: es una sala con muchas formaciones, y hacia arriba parece cerrarse en cúpula. De nuevo, vemos restos de hojas (la topo nos dirá luego que apenas tenemos 20-30 metros de roca entre nosotros y la calle), pero parece cerrado. Revisando los laterales, aparece un laminador de arena con una fortísima corriente de aire. Hocamos un poco, pero no podemos pasar (habrá que volver). 





Bajamos y comemos, y nos dirigimos hacia el meandro que hemos dejado pendiente. Zape nos anima a ir por donde ha ido él porque “está fácil”. Evidentemente, “fácil” y “difícil” son conceptos muy subjetivos. Mecagoenlosputosmuertos es un concepto menos subjetivo, pero que utilizo con profusión cuando estoy a mitad de meandro desfondado, sin cuerda, y con un patio de 8 metros. Esto no se le hace a un señor mayor con resaca, joder. Menos mal que Marta y Gelo vienen a mi rescate (o todavía estaría allí).

 


Nos metemos por un nivel intermedio, que resulta ser una vía fósil del meandro que he recorrido antes. Tras avanzar un rato llegamos al mismo cruce: a la derecha, por arriba, se estrecha demasiado; a la izquierda, tras forzar varios pasos, consigo llegar a una zona un poco más ancha, pero vuelve a estrecharse. Aquí el aire apenas se nota. Gelo aparece un poco más atrás (ha ido por un tubo paralelo). Es una zona que no parece tener mucho interés, y solo apta, en su zona final, para gente de talla reducida (vamos, lo que antes llamábamos putos enanos).

De vuelta vuelvo a intentar forzar la parte derecha, esta vez por abajo. El aire es muy fuerte, y avanzo unos metros más mojándome un poco. Finalmente, me quedo en una estrechez que quizá podría evitarse trepando unos metros antes. Pero dado el estado en el que nos encontramos mi resaca y yo, paso. 


 

Tras topografiar Gelo este tramo (que va claramente hacia el Este) nos encaminamos hacia la calle. Pese a la seca que hay el río mantiene su nivel, lo que nos parece muy llamativo. Llegamos en un rato a la base del 70 y para arriba, a ritmos muy variados (el mío, very slow). Poco después salimos por la torca, con la última luz del día, llegando al coche ya con la frontal. Terminada la jornada, unos se van a alternar y otros a la cama, que no tienen edad ni cuerpo para ná…



 

jueves, 21 de mayo de 2026

Cumpleaños subterráneo.

  Sierra del Hornijo                                                         16 de Mayo de 2026

El viernes ha diluviado y los ríos y cuevas están bastante cargados, el pronóstico para el sábado no es claro y da lluvia por la mañana, así que para este sábado tenemos dudas de a donde ir.

Finalmente pensamos en volver a la FU44 en la sierra del Hornijo, donde llevamos mucho tiempo trabajando, siguiendo una corriente de aire, que soñamos con que nos lleve a la gran cueva del Carcabon que se encuentra 250 m, mas abajo.

Foto Marta

Sobre las 9:30 quedamos en el club, con medio equipo, poco motivado para la tarea, ya que Cristóbal ha estado de fiesta la tarde anterior y a Zape, la lluvia que aun cae esta mañana, le produce mucha pereza.

Marta y Ángel se muestran más motivados y finalmente la balanza cae en el lado de la exploración, frente a la idea de ir a comer cocido. Eso si esperamos un rato a ver si los pronósticos se cumplen y deja de llover.

 Al fin salimos para valle y allí encontramos a Pedro, que también llega perjudicado por una fiesta con sus alumnos.

Recogemos las mochilas y subimos con el terreno muy embarrado, pero librándonos de la lluvia hasta que llegamos a la boca mas de una hora después.

Allí decidimos comer aunque sea pronto, ya que en la punta es más incómodo.

Cristóbal saca un postre de su pueblo, que ha traído para colocar las velas del cumple de Marta, que ha sido esta semana y que con su ilusión habitual sopla varias veces.

Nos comemos el pastel y nos preparamos para entrar en la cueva que traga aire, ya que en el exterior no debe de haber más de 11 grd.

En los pozos, el goteo es fuerte y nos moja un poco pero nada excesivo.

Comenzamos el trabajo en la punta, que se sitúa en la base de un pozo de 10 m., donde una zona estrecha con corriente de aire, nos obliga a quitar piedras para poder pasar.

El eco que se oye al otro lado, nos motiva para trabajar tirando de las piedras hasta la base del pozo.

Trabajamos varias horas hasta que conseguimos llegar a un punto, donde podemos tirar piedras al otro lado y las oímos caer más de 15 m., pero revotan mucho, lo que puede ser un síntoma de que delante no tenemos un espacio amplio… Ya se verá..

Se hace tarde y estamos cansados, sobre todo Cristóbal que ha trabajado toda la semana y no ha descansado bien, así que se sube el primero, mientras los demás terminamos de sacar las últimas piedras.

La próxima vez esperamos resolver esta incógnita y ver que nos espera al otro lado, hoy de momento hemos celebrado el cumpleaños de Marta, como le gusta a ella, bajo tierra y con la ilusión de nuevos descubrimientos.

Cuando llegamos al exterior, sobre las 20:30, el día sigue nublado y descendemos resbalando por el camino embarrado.


Al llegar a los coches nos despedimos de Pedro, que solo piensa en meterse en la cama y recuperarse de la noche anterior.

El resto nos vamos al Casa Montaña para cenar y seguir celebrando el cumpleaños..

viernes, 6 de marzo de 2026

El día de Andalucía.

  Sierra del Hornijo                                                         28 de Febrero de 2026

Por fin el buen tiempo ha llegado a Cantabria y a pesar de que anoche viernes, llovió un poco y dan algo de lluvia para este sábado, quedamos para volver a la Cueva del Valle del Oso, en la sierra del Hornijo.

Estamos cuatro especímenes, Zape, Ángel, y los dos andaluces del equipo Marta y Cristóbal, que tras recoger el material en el club y tomar un café en el Willy, tomamos la carretera de Ruesga.

Sobre las 10:30 cargamos las pesadas mochilas y por la pista embarrada, empezamos el ascenso, que nos llevara más de una hora de marcha y sudor, a pesar del día frío que hoy tenemos.

Foto Marta

Una vez en la boca, decidimos comer aunque apenas son las 12:00, pero aunque el aire es frío hace sol y apetece comer en la calle.


Marta se acuerda de que hoy es el día de Andalucía, y pone en el móvil la música del himno y acompañada de Cristóbal comienzan a cantar el himno, alguno con menos éxito que otra.

Nos reímos y nos entra la pereza de entrar en el agujero, sobre todo a Cristóbal que ha trabajado de noche y está medio dormido. Pero la realidad se impone y nos equipamos para entrar.

Con esta temperatura la cueva traga bastante aire, que notamos en nuestros cogotes según avanzamos por las galerías y en las estrechas cabeceras de los pozos de la cueva.

A pesar de que la cueva escurre algo de agua de las últimas lluvias, llegamos sin mojarnos a la punta de exploración. Allí la ultima vez, se oía el eco de un posible pozo, al otro lado de una obstrucción de piedras, que nos lleva bloqueando desde hace mucho tiempo. Además el tramo a recorrer para sacar las piedras hasta el último pozo, ya se estaba convirtiendo en un martirio, con una yincana de pequeños obstáculos.

Foto Marta


Hoy solo somos cuatro, un poco justos para tanto trabajo, pero nos organizamos y tirando de una cuerda en algún tramo recto, conseguimos ir sacando el material hasta una zona intermedia.

Zape toma las riendas ya que la última vez no le dejaron tocar el taladro y aun tiene mono. Cristóbal casi se queda dormido en medio del tubo.

Poco a poco vamos avanzando con algún corto relevo, en el que Zape deja pasar a Marta a la punta, eso si con una ristra de indicaciones sobre lo que tiene que hacer, lo que provoca, el enfado de Marta y el cachondeo de Cristóbal, que le dice irónico, “Tu tienes DIGI no?”. Me da un ataque de risa, ante la extrañeza de Zape que no conoce este anuncio de la TV.

Pronto de nuevo Zape esta en cabeza mientras Marta, pone de nuevo música andaluza en el móvil mientras hace alguna foto y la cadena de sacar piedras se pone de nuevo en marcha.

Por fin el pozo que llevamos tiempo esperando e intuyendo por el eco de nuestras voces, se materializa y podemos tirar piedras por él, evitándonos sacarlas hacia atrás.

Es bastante tarde y el espacio para poder bajar el pozo es aún muy justo, pero la ilusión de Marta nos supera, y se equipa para tratar de bajar, por una cuerda provisional que coloca Zape desde un puente.

Forcejea y apenas puede pasar pero finalmente lo consigue. El pozo se amplia y baja casi 10 m. con una anchura de unos 5x2 m.. Los demás esperamos expectantes sus noticias, con la ilusión de que nos hable de nuevos pozos o un ancho meandro.

Pero este negocio nunca es fácil, y en la base del pozo no hay otra cosa que un estrecho meandro, que por un lado llega debajo de la fisura que hemos estado ampliando y por el otro sigue llevándose el aire, que hoy corre con fuerza por la cueva.

Es frustrante, pero ya estamos acostumbrados a estos golpes que nos dan las exploraciones y nos centramos en ver lo positivo de la situación, ya que para seguir avanzando, ahora podremos dejar las piedras en la base del pozo y no tendremos que cargar con ellas durante decenas de metros.

Todavía falta ver si Marta puede salir del pozo, cosa que consigue con bastante esfuerzo.

Foto Marta

Recogemos el material e iniciamos la salida primero por el largo tubo, luego por los pozos y finalmente por la cueva. Para llegar a la boca sobre las 20:45, donde el frío es intenso y Zape se pone el poncho MTDE para guardar el calor.

Nos queda una buena caminata en la oscuridad, hasta llegar al coche.

Nos cambiamos de ropa y vamos a cenar.

Pero la jornada aun no ha terminado y vamos hasta Arredondo donde hay fiesta. Llegamos cuando casi no queda nadie, pero aún hay música, y los achaques y dolores que traemos de la cueva se nos pasan pronto y bailamos hasta que se termina la música, cuando volvemos a recordar nuestras heridas de guerra.



lunes, 2 de febrero de 2026

Pingüinos en el Mortillano.

  Maza del Cuivo                                                              24de Enero de 2026

Una de las cuevas que tenemos entre manos desde hace años es la Sima de La Maza del Cuivo, cuya exploración en la zona lejana del rio que asciende hacia en Norte, se ha facilitado mucho tras unir una cavidad sobre la parte alta de este río. La torca del Yermo, nos permite ahora acceder a la punta en unas 2 h.

La última salida nos llevo a avanzar por una red de tubos de tamaño mina o inferior en algunos tramos, con una clara corriente de aire. Nos detuvimos en un paso estrecho al final de una sala.

Hoy sábado nos planteamos volver a ese punto para ver que nos depara. El pronóstico del tiempo no es claro, y aunque no dan mucha precipitación si hay alerta por nieve por la tarde, teniendo en cuenta que hay que remontar un río y varias cascadas, nos asaltan algunas dudas.

Como las alternativas implican sacar piedras una vez mas, nos decidimos y planeamos una salida a esta cavidad. Estamos cinco sujetos, para esta actividad, Zape, Marta, Cristóbal, Pedro y Ángel, tomando café en el Willy tras recoger el material en el club.

Subimos con la fregoneta de Zape y aparcamos en la pista después de cruzar un arroyo, que esperemos no crezca mucho. Cuando salimos de la furgo a pesar de un día soleado, viene un viento muy frio, que nos impulsa a andar rápido para entrar en calor.

El acceso a la Torca del Yermo es fácil y rápido, pero cambiarse en la boca con este viento no es agradable y nos movemos con rapidez.

Son las 12:00 y uno tras otro entramos en el agujero, llegando enseguida al primero de los ríos que encontraremos hoy ya va mas crecido de lo habitual, mas abajo se juntan otros afluentes y todos ellos caen por un gran pozo de 65m.. Afortunadamente la instalación nos aleja de la caída de agua y solo el estruendo nos avisa de su presencia.

Foto Marta

El pozo nos deja en una amplia sala donde llega del norte el río de la Maza y sigue su camino hacia sur. Este río también viene más alto y cae ruidoso por la primera cascada que escalamos hace mucho tiempo.

Tomamos la cuerda y pasamanos que esquivan la cascada y seguimos ascendiendo por un estrato arenisco, resbaladizo y cubierto por el río. Pasos por el meandro calizo excavado sobre la arenisca y llegamos a una nueva cascada sobre un amplio gour, que se evita por una cuerda de mas de 15 m., varios pasamanos y mas escaladas para esquivar otra corta cascada.

Foto Marta

Finalmente estamos en una galería horizontal por la que el río corre tranquilo, con forma de cerradura. Algún gour mas profundo puede ser evitado por zonas superiores, con lo que no hay que mojarse los pies. Subimos a una amplia sala y pronto nuevas cascadas deben de ser evitadas con cuerdas y solo algunas salpicaduras nos mojan las piernas. Veremos si por la tarde el nivel del río sigue igual.

Llegamos a otra zona horizontal formada por un amplio meandro con varios gours que evitamos con pequeñas cuerdas o en oposición, hasta que dejamos el meandro y llegamos a una amplia galería fósil en rampa de piedras. Allí recogemos cuerdas y anclajes y nos metemos en los tubos, por los que avanzamos de pie al principio con algunos pasos bajos y más a gatas en la zona final.

Hacemos dos equipos con Pedro y Ángel que se quedan a revisar algunas incógnitas y hacer la  topo. También tipografían una amplia sala de derrubios que vio Pedro la vez anterior, Unos finos estratos manchados de algo parecido a Azufre llaman la atención.

El resto se dirige a la sala de la punta donde trabajan ampliando el paso descendente hasta que el taladro deja de percutir, afortunadamente permite abrir lo suficiente para llegar a la cabecera de un corto pozo sobre una amplia sala.

Son las 15:30 cuando se juntan los dos equipos y decidimos comer, antes de tratar de bajar a la nueva sala. Con el hambre saciada Zape y Pedro tratan de utilizar el taladro sin martillo para clavar algún multi que permita bajar.

Cuando lo consiguen descienden y el resto les seguimos con la topo y más material.

A otro extremo de la alta sala arranca un meandro que Zape recorre durante varias decenas de metros con algún desfonde a niveles inferiores. Llega a un punto que no puede avanzar y donde oye el ruido del río. Vuelve y nos informa, con la consiguiente decepción, ya que aunque nos lo temíamos por la dirección Sur de las nuevas galerías, teníamos la esperanza de avanzar hacia el Oeste y adentrarnos en terrenos vírgenes.

En el fondo de la sala arranca un nivel inferior del meandro, por el que se cuela Marta seguida de Pedro, que vuelven al cabo de un rato anunciando que han llegado sobre el río y ven una de nuestras cuerdas unos 10 m. más abajo.

Dudamos sobre que hacer, pero finalmente vamos por ese meandro haciendo la topo,  tras recoger todo el material y sacas. El meandro combina zonas estrechas, con algunas salas más amplias y con niveles superiores.

Por fin este nivel se ve cortado como por un cuchillo, por el meandro activo por el que hemos subido hace unas horas. Zape coloca unas cuerdas con algo de imaginación y las ultimas fuerzas del taladro y bajamos todos al río.

Ha sido una bonita exploración pero no nos ha aportado las ansiadas nuevas galerías hacia Rubicera. Dejamos material para completar la revisión de este sector el próximo día y emprendemos el regreso al exterior.

El río no parece haber subido de nivel, así que las lluvias no han debido de ser muy fuertes. Pronto estamos en la base del gran pozo y subimos rápido con sus múltiples fraccionamientos.

Nos reagrupamos en la cabecera y nos dirigimos a la salida, donde hacemos tiempo para no tener que esperar al último en la calle. El goteo en la entrada no es muy alto así que mucha lluvia no habrá.

Efectivamente una vez fuera comprobamos que no llueve si no que nieva o al menos agua nieve, con un viento helador. Mientras terminan de salir los demás, Cristóbal y Marta se ponen detrás de Ángel, que con su amplio volumen les corta bastante el viento. Nos reímos recordando a los pingüinos Emperador de la Antártida.


Cuando todos han salido y sin quitarnos los monos, salimos disparados hacia la fregoneta, que afortunadamente no está muy lejos. Al llegar metemos las mochilas y tal como estamos entramos en la caja apilados como ganado, para bajar hasta la hernita de Socueva donde podremos cambiarnos en sus soportales.

Efectivamente allí es mas amigable quitarse la ropa y ponerse algo seco, aunque el frío sigue siendo intenso.

 Bajamos al Colina en la Gandara donde el dueño nos ofrece caldo caliente, que nos sienta muy bien. Y para terminar de recuperar fuerzas nos vamos a cenar unos entrecot.

Las opciones en La Maza del Cuivo se están cerrando, aunque en este negocio “hasta el Rabo todo es Toro”.

Los pingüinos del Mortillano volverán otro día esperemos que con menos frío.

jueves, 22 de enero de 2026

Piedra a piedra.

  Hornijo                                                              17 de Enero de 2026

Las vacaciones de Navidad se han terminado y poco a poco el personal piensa en volver a las exploraciones, eso si con unos kilos de más.

El tiempo esta muy inestable con vientos cambiantes y lluvias débiles, pero decidimos volver a la cueva que llevamos tiempo explorando en los montes de Valle en la sierra del Hornijo.

Parece que vamos a ser siete, lo que nos vendrá muy bien, ya que la punta precisa mucho personal para trabajar. Hoy contamos con Moi, que además trae su todoterreno lo que nos va ahorrar mucho esfuerzo y sudor.

También vienen dos amigos de La Rioja, Olga y Pablo, que les apetece hacer algo de espeleo antes de partir para Noruega, donde harán un viaje en bicicleta sobre la nieve, una de sus múltiples aventuras solo apta para  espartanos.

Quedamos a las 9:30 en el club, donde finalmente Pablo no viene que esta griposo y se ha quedado en Castro calentito, así que estamos Marta, Zape, Cristóbal, Moisés, Olga y Ángel.

Recogemos el material y tomamos un café en el Willy, de donde salimos ya con una fina lluvia, que nos persigue hasta Valle. Dejamos la furgo y cargamos las mochilas en el todoterreno, donde no cavemos todos así que Zape y Ángel subirán andando, pero Olga ha venido a hacer ejercicio y quiere conocer los caminos, así que se une y los tres toman los atajos que van cortando la pista.

Nos reunimos todos al final de la pista y con las mochilas a la espalda, subimos hasta la boca de la que nos separan unos 20 minutos. La lluvia casi ha cesado pero la temperatura no supera los 8 grd.

Nos cambiamos rápido y alguno descubre que no tiene pantin, lo que provoca fricciones en el seno del equipo, de las que no hablaremos por la Censura..

La primera parte del recorrido, tras una rampa equipada, es una bonita cueva, que al final se convierte en un tubo por el que nos arrastramos, hasta una estrecha cabecera de un amplio pozo de 50 m. Le sigue una secuencia de pozos intercalados con pasos estrechos o incómodos, con un pequeño curso de agua que afortunadamente apenas lleva agua.

El último pozo amplio de unos 20 m., tiene en medio una grieta por la que corre el aire y en la que llevamos tiempo trabajando, quitando piedras para poder avanzar y encontrar de nuevo una vía de pozos, que pueda llevarnos a la gran cueva del Carcabon que se encuentra debajo.


La grieta ahora es un largo conducto de más de 30 m., con forma irregular por el que hay que arrastrarse hasta la punta, donde un eco mayor, nos da la esperanza de encontrar un nuevo pozo o  sala que permita seguir la exploración.

El problema es que las piedras que hay que sacar de la punta, ya no hay donde ponerlas por el tubo y sacarlas hasta el pozo requiere mas de 10 personas. Un pequeño ensanchamiento en medio del tramo ha permitido dejar mucho material pero ya está lleno.

Una vez todos en el lugar, decidimos ampliar un poco esta sala intermedia, para hacer mas espacio, pero a Cristóbal se le va la mano y acaba llenando el hueco de piedras, que habrá que sacar hasta el pozo.

De momento decidimos comer algo que luego nos liamos, así que disfrutamos entre otras cosas de la rica tortilla de la madre de Zape. Luego hacemos dos equipos, con Cristóbal, Marta y Moi en la punta y el resto vaciando la salita hacia el pozo.

Olga impone un ritmo machacón al equipo de vaciado, que lleva a Ángel y Zape a sudar acarreando piedras. Miran a Olga esperando que les de tregua, pero el buldócer es imparable e ignora las indirectas que le mandamos para parar. Pasan las horas y la salita coge volumen para acoger las piedras de la punta.

Pasadas unas horas el equipo de punta esta rodeado de piedras y necesita que las saquemos, así que nos desplazamos todos la último tramo del tubo y montamos una cadena para llevarlas hasta la salita que hemos despejado.

Son ya mas de las 18:30 y nuestras fuerzas escasas, por lo que dejamos el trabajo por hoy, con Zape frustrado, ya que hoy no le han dejado jugar con el taladro y solo ha podido romper algunas piedras a golpes. Algunos vamos a la punta para ver como está y lo cierto es que se oye un eco esperanzador y las piedras caen unos 5 o 6 m., lo que nos hace pensar en un pequeño pozo o salita, pero aun quedan 1 o 2 m. de piedras para  llegar a ver algo.

Es el sino del explorador que vive entre la esperanza y la desilusión, que unido a la terquedad les hace volver una y otra vez a lugares incomodos como este.

Nos equipamos y ascendemos por las cuerdas, para llegar sobre las 19:30 a la boca donde sigue algo de lluvia. La noche nos rodea mientras bajamos hacia el coche, tratando de no resbalar en el suelo empapado.

Una vez en el coche dejamos las mochilas y Cristóbal y Marta se ofrecen para bajar andando y de nuevo Olga que parece que no ha gastado bastantes energías se une a ellos.

Sobre las 21:00 estamos todos en la furgo, poniéndonos ropa seca y caliente que el frío continúa.

Luego nos vamos al Casa Montaña para comernos unas ricas raciones que nos repongan del esfuerzo.

No ha sido un gran día de exploración como todos los últimos en esta cueva, pero piedra a piedra se hace el camino y esperamos tener nuestra recompensa algún día de estos..

Veremos…