lunes, 2 de febrero de 2026

Pingüinos en el Mortillano.

  Maza del Cuivo                                                              24de Enero de 2026

Una de las cuevas que tenemos entre manos desde hace años es la Sima de La Maza del Cuivo, cuya exploración en la zona lejana del rio que asciende hacia en Norte, se ha facilitado mucho tras unir una cavidad sobre la parte alta de este río. La torca del Yermo, nos permite ahora acceder a la punta en unas 2 h.

La última salida nos llevo a avanzar por una red de tubos de tamaño mina o inferior en algunos tramos, con una clara corriente de aire. Nos detuvimos en un paso estrecho al final de una sala.

Hoy sábado nos planteamos volver a ese punto para ver que nos depara. El pronóstico del tiempo no es claro, y aunque no dan mucha precipitación si hay alerta por nieve por la tarde, teniendo en cuenta que hay que remontar un río y varias cascadas, nos asaltan algunas dudas.

Como las alternativas implican sacar piedras una vez mas, nos decidimos y planeamos una salida a esta cavidad. Estamos cinco sujetos, para esta actividad, Zape, Marta, Cristóbal, Pedro y Ángel, tomando café en el Willy tras recoger el material en el club.

Subimos con la fregoneta de Zape y aparcamos en la pista después de cruzar un arroyo, que esperemos no crezca mucho. Cuando salimos de la furgo a pesar de un día soleado, viene un viento muy frio, que nos impulsa a andar rápido para entrar en calor.

El acceso a la Torca del Yermo es fácil y rápido, pero cambiarse en la boca con este viento no es agradable y nos movemos con rapidez.

Son las 12:00 y uno tras otro entramos en el agujero, llegando enseguida al primero de los ríos que encontraremos hoy ya va mas crecido de lo habitual, mas abajo se juntan otros afluentes y todos ellos caen por un gran pozo de 65m.. Afortunadamente la instalación nos aleja de la caída de agua y solo el estruendo nos avisa de su presencia.

Foto Marta

El pozo nos deja en una amplia sala donde llega del norte el río de la Maza y sigue su camino hacia sur. Este río también viene más alto y cae ruidoso por la primera cascada que escalamos hace mucho tiempo.

Tomamos la cuerda y pasamanos que esquivan la cascada y seguimos ascendiendo por un estrato arenisco, resbaladizo y cubierto por el río. Pasos por el meandro calizo excavado sobre la arenisca y llegamos a una nueva cascada sobre un amplio gour, que se evita por una cuerda de mas de 15 m., varios pasamanos y mas escaladas para esquivar otra corta cascada.

Foto Marta

Finalmente estamos en una galería horizontal por la que el río corre tranquilo, con forma de cerradura. Algún gour mas profundo puede ser evitado por zonas superiores, con lo que no hay que mojarse los pies. Subimos a una amplia sala y pronto nuevas cascadas deben de ser evitadas con cuerdas y solo algunas salpicaduras nos mojan las piernas. Veremos si por la tarde el nivel del río sigue igual.

Llegamos a otra zona horizontal formada por un amplio meandro con varios gours que evitamos con pequeñas cuerdas o en oposición, hasta que dejamos el meandro y llegamos a una amplia galería fósil en rampa de piedras. Allí recogemos cuerdas y anclajes y nos metemos en los tubos, por los que avanzamos de pie al principio con algunos pasos bajos y más a gatas en la zona final.

Hacemos dos equipos con Pedro y Ángel que se quedan a revisar algunas incógnitas y hacer la  topo. También tipografían una amplia sala de derrubios que vio Pedro la vez anterior, Unos finos estratos manchados de algo parecido a Azufre llaman la atención.

El resto se dirige a la sala de la punta donde trabajan ampliando el paso descendente hasta que el taladro deja de percutir, afortunadamente permite abrir lo suficiente para llegar a la cabecera de un corto pozo sobre una amplia sala.

Son las 15:30 cuando se juntan los dos equipos y decidimos comer, antes de tratar de bajar a la nueva sala. Con el hambre saciada Zape y Pedro tratan de utilizar el taladro sin martillo para clavar algún multi que permita bajar.

Cuando lo consiguen descienden y el resto les seguimos con la topo y más material.

A otro extremo de la alta sala arranca un meandro que Zape recorre durante varias decenas de metros con algún desfonde a niveles inferiores. Llega a un punto que no puede avanzar y donde oye el ruido del río. Vuelve y nos informa, con la consiguiente decepción, ya que aunque nos lo temíamos por la dirección Sur de las nuevas galerías, teníamos la esperanza de avanzar hacia el Oeste y adentrarnos en terrenos vírgenes.

En el fondo de la sala arranca un nivel inferior del meandro, por el que se cuela Marta seguida de Pedro, que vuelven al cabo de un rato anunciando que han llegado sobre el río y ven una de nuestras cuerdas unos 10 m. más abajo.

Dudamos sobre que hacer, pero finalmente vamos por ese meandro haciendo la topo,  tras recoger todo el material y sacas. El meandro combina zonas estrechas, con algunas salas más amplias y con niveles superiores.

Por fin este nivel se ve cortado como por un cuchillo, por el meandro activo por el que hemos subido hace unas horas. Zape coloca unas cuerdas con algo de imaginación y las ultimas fuerzas del taladro y bajamos todos al río.

Ha sido una bonita exploración pero no nos ha aportado las ansiadas nuevas galerías hacia Rubicera. Dejamos material para completar la revisión de este sector el próximo día y emprendemos el regreso al exterior.

El río no parece haber subido de nivel, así que las lluvias no han debido de ser muy fuertes. Pronto estamos en la base del gran pozo y subimos rápido con sus múltiples fraccionamientos.

Nos reagrupamos en la cabecera y nos dirigimos a la salida, donde hacemos tiempo para no tener que esperar al último en la calle. El goteo en la entrada no es muy alto así que mucha lluvia no habrá.

Efectivamente una vez fuera comprobamos que no llueve si no que nieva o al menos agua nieve, con un viento helador. Mientras terminan de salir los demás, Cristóbal y Marta se ponen detrás de Ángel, que con su amplio volumen les corta bastante el viento. Nos reímos recordando a los pingüinos Emperador de la Antártida.


Cuando todos han salido y sin quitarnos los monos, salimos disparados hacia la fregoneta, que afortunadamente no está muy lejos. Al llegar metemos las mochilas y tal como estamos entramos en la caja apilados como ganado, para bajar hasta la hernita de Socueva donde podremos cambiarnos en sus soportales.

Efectivamente allí es mas amigable quitarse la ropa y ponerse algo seco, aunque el frío sigue siendo intenso.

 Bajamos al Colina en la Gandara donde el dueño nos ofrece caldo caliente, que nos sienta muy bien. Y para terminar de recuperar fuerzas nos vamos a cenar unos entrecot.

Las opciones en La Maza del Cuivo se están cerrando, aunque en este negocio “hasta el Rabo todo es Toro”.

Los pingüinos del Mortillano volverán otro día esperemos que con menos frío.

jueves, 22 de enero de 2026

Piedra a piedra.

  Hornijo                                                              17 de Enero de 2026

Las vacaciones de Navidad se han terminado y poco a poco el personal piensa en volver a las exploraciones, eso si con unos kilos de más.

El tiempo esta muy inestable con vientos cambiantes y lluvias débiles, pero decidimos volver a la cueva que llevamos tiempo explorando en los montes de Valle en la sierra del Hornijo.

Parece que vamos a ser siete, lo que nos vendrá muy bien, ya que la punta precisa mucho personal para trabajar. Hoy contamos con Moi, que además trae su todoterreno lo que nos va ahorrar mucho esfuerzo y sudor.

También vienen dos amigos de La Rioja, Olga y Pablo, que les apetece hacer algo de espeleo antes de partir para Noruega, donde harán un viaje en bicicleta sobre la nieve, una de sus múltiples aventuras solo apta para  espartanos.

Quedamos a las 9:30 en el club, donde finalmente Pablo no viene que esta griposo y se ha quedado en Castro calentito, así que estamos Marta, Zape, Cristóbal, Moisés, Olga y Ángel.

Recogemos el material y tomamos un café en el Willy, de donde salimos ya con una fina lluvia, que nos persigue hasta Valle. Dejamos la furgo y cargamos las mochilas en el todoterreno, donde no cavemos todos así que Zape y Ángel subirán andando, pero Olga ha venido a hacer ejercicio y quiere conocer los caminos, así que se une y los tres toman los atajos que van cortando la pista.

Nos reunimos todos al final de la pista y con las mochilas a la espalda, subimos hasta la boca de la que nos separan unos 20 minutos. La lluvia casi ha cesado pero la temperatura no supera los 8 grd.

Nos cambiamos rápido y alguno descubre que no tiene pantin, lo que provoca fricciones en el seno del equipo, de las que no hablaremos por la Censura..

La primera parte del recorrido, tras una rampa equipada, es una bonita cueva, que al final se convierte en un tubo por el que nos arrastramos, hasta una estrecha cabecera de un amplio pozo de 50 m. Le sigue una secuencia de pozos intercalados con pasos estrechos o incómodos, con un pequeño curso de agua que afortunadamente apenas lleva agua.

El último pozo amplio de unos 20 m., tiene en medio una grieta por la que corre el aire y en la que llevamos tiempo trabajando, quitando piedras para poder avanzar y encontrar de nuevo una vía de pozos, que pueda llevarnos a la gran cueva del Carcabon que se encuentra debajo.


La grieta ahora es un largo conducto de más de 30 m., con forma irregular por el que hay que arrastrarse hasta la punta, donde un eco mayor, nos da la esperanza de encontrar un nuevo pozo o  sala que permita seguir la exploración.

El problema es que las piedras que hay que sacar de la punta, ya no hay donde ponerlas por el tubo y sacarlas hasta el pozo requiere mas de 10 personas. Un pequeño ensanchamiento en medio del tramo ha permitido dejar mucho material pero ya está lleno.

Una vez todos en el lugar, decidimos ampliar un poco esta sala intermedia, para hacer mas espacio, pero a Cristóbal se le va la mano y acaba llenando el hueco de piedras, que habrá que sacar hasta el pozo.

De momento decidimos comer algo que luego nos liamos, así que disfrutamos entre otras cosas de la rica tortilla de la madre de Zape. Luego hacemos dos equipos, con Cristóbal, Marta y Moi en la punta y el resto vaciando la salita hacia el pozo.

Olga impone un ritmo machacón al equipo de vaciado, que lleva a Ángel y Zape a sudar acarreando piedras. Miran a Olga esperando que les de tregua, pero el buldócer es imparable e ignora las indirectas que le mandamos para parar. Pasan las horas y la salita coge volumen para acoger las piedras de la punta.

Pasadas unas horas el equipo de punta esta rodeado de piedras y necesita que las saquemos, así que nos desplazamos todos la último tramo del tubo y montamos una cadena para llevarlas hasta la salita que hemos despejado.

Son ya mas de las 18:30 y nuestras fuerzas escasas, por lo que dejamos el trabajo por hoy, con Zape frustrado, ya que hoy no le han dejado jugar con el taladro y solo ha podido romper algunas piedras a golpes. Algunos vamos a la punta para ver como está y lo cierto es que se oye un eco esperanzador y las piedras caen unos 5 o 6 m., lo que nos hace pensar en un pequeño pozo o salita, pero aun quedan 1 o 2 m. de piedras para  llegar a ver algo.

Es el sino del explorador que vive entre la esperanza y la desilusión, que unido a la terquedad les hace volver una y otra vez a lugares incomodos como este.

Nos equipamos y ascendemos por las cuerdas, para llegar sobre las 19:30 a la boca donde sigue algo de lluvia. La noche nos rodea mientras bajamos hacia el coche, tratando de no resbalar en el suelo empapado.

Una vez en el coche dejamos las mochilas y Cristóbal y Marta se ofrecen para bajar andando y de nuevo Olga que parece que no ha gastado bastantes energías se une a ellos.

Sobre las 21:00 estamos todos en la furgo, poniéndonos ropa seca y caliente que el frío continúa.

Luego nos vamos al Casa Montaña para comernos unas ricas raciones que nos repongan del esfuerzo.

No ha sido un gran día de exploración como todos los últimos en esta cueva, pero piedra a piedra se hace el camino y esperamos tener nuestra recompensa algún día de estos..

Veremos…

martes, 6 de enero de 2026

Los Reyes son los padres

 


 (05/06/2026)

Nota: como somos unos bardales, no hemos llevado cámara. Así que le hemos pedido a la IA que nos haga el trabajo sucio (nunca mejor dicho). En realidad, Wychy y yo somos como en esta primera imagen. No sé porqué luego la IA ha pasado a modo barato y nos ha representado de cualquier manera. Hijaputa... 

Llegan las navidades, y hay que buscar una excusa para meterse bajo tierra y así no tener que desear “feliz año” a toda esa gente que deseas ver muerta. Mmmm… creo que tengo que quitar el “modo sincero” a la IA cuando le diga que me genere entrada para el blog, así vamos mal…

Bueno, a lo que iba. Que quedo con Wychy la víspera de Reyes para continuar explorando una cueva que encontramos en el Barranco de Irías hace unos meses. Curiosamente, por un sitio por el que no pasa un espeleólogo desde que había refugio en San Pedro, la cueva la encontramos de manera independiente Patxi, y Cristina y yo, con dos días de diferencia.

Unos días después fuimos Patxi, Gelo y yo a la cueva, una fuente muy evidente en mitad del barranco. La cueva era usada por los paisanos, pues tiene una goma aprovechando el agua que mana. Pero, por lo demás, era virgen. Los tres remontamos algo más de 300 metros por un río que circula por un pequeño paquete de caliza entre estratos de arenisca, hasta que lo dejamos en una estrechez, con bloques cementados por colada por entre la que corría el agua. Al otro lado, se veía continuar con la galería.

Así que hoy volvemos para allá, a ver si podemos quitar esos bloques para continuar con tan aguerrida expedición. Tras un café rápido en el pueblo, nos vamos para San Pedro. Aparcamos en la carretera a dos grados de temperatura, viendo la cellisca que ha caído en la ladera sur del Pico.

    - Mmm, no sé si nos vamos a mojar mucho…

    - Que no, que el agua solo llegaba hasta las rodillas en un par de sitios, lo demás lo evitas bien. Con los patucos de neopreno, vale.

    - Ok.

Cogemos un antiguo camino carretero muy perdido que se interna en el barranco. Al de un rato, lo dejamos, cogiendo altura y enlazando farallones en los que encontramos diversos abrigos en los que el olor del jabalí es muy notable: no somos los únicos animales que hoy andamos por acá.

 


Llegamos a la boca de la cueva, y el estruendo del agua se oye desde lejos. Nos cambiamos, y el primer desafió es trepar la cascada inicial evitando el agua que cae, que es mucho más abundante que la visita previa. Como somos unos ratas, no dejamos cuerda, así que llegamos arriba un poco salpicados. Wychy comienza a mirarme raro.

La corriente de aire es muy evidente, y avanzamos siguiendo la goma los primeros 20 metros de cueva. Allí, comienza una zona un poco más estrecha, en la que vamos trepando por coladas…como podemos. El otro día se iba bien, con poca agua, pero hoy la cosa ha cambiado bastante.

    - Tú no das clase de anatomía, ¿verdad?

    - No, de historia, ¿por?

    - Porque si dieras clases de anatomía sabrías que los seres humanos no tenemos las rodillas en los pezones, gilipollas…

La cosa es quejarse, qué gente.

 


En el río encontramos restos de animales y basura típica (restos de cable, algún utensilio…). Suponemos que, aguas arriba, hay alguna torca cerca de alguna cabaña, que el paisano habrá usado de vertedero, como desgraciadamente hacen con tanta frecuencia. En realidad, la galería es muy recta y creemos adivina de dónde puede venir el río; pero, con estas cosas, nunca se sabe…

Tras varias trepadas complicadas, en las que acabamos un tanto empapados por las cascadas con las que nos deleita la cueva, llegamos a la estrechez. Allí estamos algo más de dos horas, metidos en un nicho, evitando la cascada que cae por nuestra derecha mientras intentamos mover los bloques encajados. Finalmente, Wychy logra pasar, y le sigo tiritando.

La galería sigue con unas dimensiones parecidas, alternando lugares con 3-4 metros de altura y 2 de ancho con otros más estrechos (sobre todo, por coladas). En algunos puntos las coladas nos obligan a andar a gatas por el río. El proceso evolutivo está llevando nuestras rodillas a la altura del cuello…

Un rato después el aire (que es muy fuerte) se vuelve más frío. Y noto olor a tierra.

    - Wychy, huele a calle.

    - Qué vas a oler, si no has lavado el mono en seis meses…

Pero sí, unos metros más allá, vemos el cielo. Salimos al exterior, y tras romper una maraña de zarzas salimos a un prado: efectivamente, hemos dado a un sumidero que ya intuíamos en la foto aérea. El río proviene de aquí, no parece tener ningún ramal penetrable más.

No nos dedicamos a celebrar esta victoria/derrota ni un minuto: el aire es helador, y estamos empapados de cuello para abajo. Volvemos hasta la estrechez, recogemos las cosas y tiramos para la boca de entrada. Habíamos pensado en equipar algunas de las cascadas, pero viendo que no volveremos mucho, bajamos a pelo, hundiéndonos (otra vez) en el proceso. Solo dejamos una cuerda en la cascada de entrada, que está francamente expuesta.

Son poco más de las tres de la tarde. La verdad es que la cosa ha sido rápida. El camino de vuelta, pese al pronóstico, nos recompensa con un atardecer algo más templado (cinco grados). Llegamos al coche con los pies como tablas. Acabamos la jornada comiendo en casa (gracias, Cris), con media botella de vino por cabeza, algo de orujo, y un roscón de reyes. Los republicanos también tenemos derecho a ser inconsecuentes, qué cojones. 


 

miércoles, 17 de diciembre de 2025

Esos Ojos negros..


  Mortillano                                        13 de Diciembre de 2025

El invierno empieza normalizarse con heladas y días soleados, por lo que el pronóstico para este sábado es bueno. Esto nos hace planear una salida a la Torca del Yermo, que conectamos hace poco con la Sima de la Maza del Cuivo.

Foto Marta

Esta sima recoge varios pequeños ríos y los vuelca sobre un gran pozo de 65m. en cuya base se unen al río que baja por la Maza desde el norte. Resumiendo que hay agua por todos lados y tenemos dudas de si será posible avanzar por ambas cuevas sin empaparse de agua. Pero también será buen momento, para ver si las instalaciones que hemos realizado fuera del agua, funcionan y podemos pensar en trabajar en esta zona buena parte del año.

Con estas ideas en mente quedamos a las 9:30 y aparece Pedro, equipado para hacer cuevas a pesar de su tendinitis, que lo tiene en dique seco las últimas semanas. Así que estamos cinco para esta aventura, Marta, Zape, Cristóbal, Pedro y Ángel.

Café  ritual en el Willy y subimos para Astrana, ascendiendo por las pistas, hasta que la furgo nos deja en la zona de acceso a la Maza. A partir de allí la pista esta muy encharcada y barrosa. Pero en veinte minutos nos deja en la boca con un día fresco y soleado.


Cristóbal saca su perfil de “Señorito Andaluz”, y se nos calza unas botas muy llamativas y entra en la cueva sin saca, bueno con una saquita para llevarse su sobre de jamón. Que para eso están los sherpas que llevan saca. Son las 11:00 de la mañana cuando entramos.

Ya en la calle hemos visto bastante agua en superficie y el primer río que encontramos en la cueva baja más crecido de lo habitual, lo que anticipa como nos vamos a encontrar el pozo, donde al menos llegan tres ríos.

En la sala recogemos el material que hay allí y Zape baja el primero para instalar la parte final del pozo de 65 m., que desequipamos la última vez para mejorar sus trazado. Probamos algunas placas nuevas de acero con el borde redondo.

Tras unas horas de actividad y montones de anclajes mas, cuya instalación le produce un extraño placer a Zape, que lo utiliza como terapia del estrés de la semana de trabajo.

El pozo queda completamente equipado, y aunque nos ha llevado a la ruina, hay que reconocer que ha quedado muy bien, no nos cae una gota de agua y tampoco sudaremos mucho para subir.

Foto Marta

Nos reagrupamos abajo, donde una amplia y negra sala, recibe las cascadas del pozo y la llegada del río norte, por otras pequeñas y ruidosas cascadas.




Zape sube la primera escalada de la cascada, para reequipar el pasamanos de salida que está muy atlético. Con lo que puede seguir su terapia agujereando la piedra con el taladro en sus manos y una extraña sonrisa.

Foto Marta

 Solo la insistencia de Cristóbal casi pegado a él, le genera ansiedad y ambos discuten sobre cada anclaje, mientras, los demás les contemplamos acostumbrados a estas peleillas y viendo como a Zape le dan un poco de su medicina.

Foto Marta

Marta aprovecha para hacer algunas fotos de las bonitas cascadas. El agua en las cuevas tiene muchos inconvenientes, como el frío, las instalaciones complicadas y el riesgo siempre presente, de una crecida que te impida salir. Pero la belleza y sensación de movimiento que inducen en las galerías compensa estos inconvenientes.

Foto Marta

Una vez completado el reequipamiento de los pasamanos, seguimos río arriba con la duda de si podremos pasar sin empaparnos. Afortunadamente el estrato arenisco por el que baja el agua es ancho, con lo que no coge profundidad y el meandro excavado en la caliza sobre él, permite avanzar aunque hay que retorcerse, trepar y hacer oposición en algunos tramos.

Foto Marta

Llegamos sin más problema a la siguiente y larga escalada de 15 m. que hicimos en 2017, en una agotadora punta desde la Maza. Esta evita una alta cascada que hoy baja ruidosa para caer en una amplia poza. Después más escaladas y pasamanos para evitar una badina profunda y por fin ponemos el pie en una galería horizontal, con el agua corriendo por el fondo de 1 m. de ancho y con la parte alta de mas anchura, formando cornisas, por las que se puede avanzar en algunos tramos.

Foto Marta

Hoy hay una badina más profunda que la última vez y hay que mojarse las piernas, así que busco, un poco antes una zona fósil que puede evita el agua. Efectivamente es posible, pero es una zona de bloques inestables y hay que destrepar luego al río, por lo que equipamos una cuerda para facilitar el paso y que Zape siga disfrutando.

Foto Marta

Son las cuatro de la tarde y aún no hemos comido, así que aprovechamos la amplia sala que hay sobre el río, para comer y quitarle un poco de peso al Señorito que va muy cargado con su saquita.



Terminado el ágape, recorremos la sala para llegar de nuevo al río y a un profundo gours, donde cae una corta cascada que nos detuvo en 2017. Vemos las marcas de espuma de las crecidas de este año, más o menos a un metro más alto, lo que indica que no es un buen sitio para afrontar una crecida.

Pedro y yo vamos delante, subiendo la cuerda de la escalada que evitó esta zona, primero en vertical y luego en pasamanos sobre repisa, para de nuevo por cuerda, bajar a la cabecera de la cascada. Poco después una nueva cascada obliga a subir otra cuerda que por poco evita la lluvia del salto que hoy baja bastante agua.


No oímos al resto, que se ha detenido para alargar el pasamanos y evitar así tener que entrar en el gours para coger la cuerda. O eso dicen, seguramente es otra disculpa para poner más anclajes.

Foto Marta

Como se retrasan nos adelantamos avanzando de nuevo por una galería horizontal, formada por un ancho meandro de unos 6 m de alto, con zonas mas anchas y algunos pequeños afluentes. Dos pequeñas pozas profundas, obligan a hacer complicadas oposiciones si no quieres mojarte los pies, o resignarte si tienes las piernas cortas como Pedro.

Foto Marta
El equipo de instalación se entretiene más, colocando cuerdas en estas pozas, para llegar sequitos a la punta.

Foto Marta

Nosotros llegamos a la zona final, donde se abandona el río, subiendo a lo alto de una rampa de piedras. Dejamos allí las sacas y seguimos con la topo de los tubos que revisó Pedro con Marta la última salida a esta zona.

Son tubos amplios con el suelo de arena y al principio se puede ir de pie, con algún paso más bajo. Unos restos de animales, nos recuerdan que la calle no se encuentra a más de 30 m, en vertical sobre nosotros. Mas adelante una zona de arena  tiene un paso bajo descendente y luego ascendente, que nos obliga a arrastrarnos. Nos alcanza el resto del equipo.

Foto Marta

Un cruce con un paso descendente que baja Pedro le lleva a una sala de unos 6 m. de diámetro con un meandro al fondo estrechado por coladas y sin aire claro.

Foto Marta

 De frente, un meandro colgado sigue hasta una zona de cruce de fisuras estrechas y encajadas. Un destrepe en el suelo, conecta con la zona que ha revisado Pedro.

La zona se va complicando con zonas de arrastrarse, piedras sueltas y paredes rotas.

Pedro que va en punta, mientras  yo voy con la topo, ha llegado a  una sala amplia pero que casi se cierra en su fondo.

Llegamos el resto con la topo y efectivamente la sala es amplia con 17 m. de largo, unos 6 m. de ancho y 3 m. de alto. En su fondo un estrecho paso en rampa descendente, sopla un aire claro, pero precisa arreglar un tramo de unos 2 m. Abajo se amplia ligeramente y hace curva a la izquierda.

Son las 18:30 y hemos topografiado unos 180 m, con dirección suroeste que nos motiva, pensando que pueda dirigirse hacia galerías lejanas de Rubicera, que se encuentran en esa dirección, aunque el tramo final ha girado hacia el sur y aleja esa posibilidad. Salimos en unos 30 minutos hasta la rampa de piedras, donde hacemos un nido de material.

Sobre las 19:00 iniciamos el retorno, haciendo alguna foto y para las 20:30 estamos en la base del P65, con Zape que se ha resbalado en la deslizante arenisca y caído al agua dándose un buen baño.

Foto Marta

Iniciamos la cadena de subida por el gran pozo, pero yo que voy en punta, oigo a Zape que me llama para decirme que a Cristóbal le ha caído un pegote de barro en todo el ojo. Se recupera un poco, para poder llegar arriba, donde Zape le somete a tratamiento de limpieza, pero le duele, protesta y se escabulle como puede de las garras de Zape, que se ha convertido en “Doctor Ogando”, pero al menos el tratamiento intensivo le ha limpiado un poco el ojo.


Una vez que comprobamos que no se va a quedar ciego, sacamos nuestra vena malévola y le cantamos la  canción “Esos ojos negros” de Duncan Dhu.

Salimos al exterior con una noche estrellada y fría con unos 5 grd., lo que no ayuda para quitarnos los monos y los trastos. Luego nos abrigamos como podemos y cogemos las mochilas y emprendemos el fácil camino de vuelta a la furgoneta. Cambiarse de ropa con este frío nunca es divertido, pero sorprende la velocidad a la que puede hacerse.



Bajamos a cenar a Ason y luego llevamos a Cristóbal a urgencias donde le limpian en ojo.

 Ha sido un buen día de actividad bonita y con algunos metros de exploración, que siempre despiertan nuestros instintos de aventura y la imaginación sobre donde nos pueden conducir los nuevos conductos.

 Sobre todo lo hemos pasado bien y nos hemos reído mucho, incluido las desgracias ajenas, para cuando nos toque a otro y tengamos que aguantar sus chanzas.