jueves, 22 de enero de 2026

Piedra a piedra.

  Hornijo                                                              17 de Enero de 2026

Las vacaciones de Navidad se han terminado y poco a poco el personal piensa en volver a las exploraciones, eso si con unos kilos de más.

El tiempo esta muy inestable con vientos cambiantes y lluvias débiles, pero decidimos volver a la cueva que llevamos tiempo explorando en los montes de Valle en la sierra del Hornijo.

Parece que vamos a ser siete, lo que nos vendrá muy bien, ya que la punta precisa mucho personal para trabajar. Hoy contamos con Moi, que además trae su todoterreno lo que nos va ahorrar mucho esfuerzo y sudor.

También vienen dos amigos de La Rioja, Olga y Pablo, que les apetece hacer algo de espeleo antes de partir para Noruega, donde harán un viaje en bicicleta sobre la nieve, una de sus múltiples aventuras solo apta para  espartanos.

Quedamos a las 9:30 en el club, donde finalmente Pablo no viene que esta griposo y se ha quedado en Castro calentito, así que estamos Marta, Zape, Cristóbal, Moisés, Olga y Ángel.

Recogemos el material y tomamos un café en el Willy, de donde salimos ya con una fina lluvia, que nos persigue hasta Valle. Dejamos la furgo y cargamos las mochilas en el todoterreno, donde no cavemos todos así que Zape y Ángel subirán andando, pero Olga ha venido a hacer ejercicio y quiere conocer los caminos, así que se une y los tres toman los atajos que van cortando la pista.

Nos reunimos todos al final de la pista y con las mochilas a la espalda, subimos hasta la boca de la que nos separan unos 20 minutos. La lluvia casi ha cesado pero la temperatura no supera los 8 grd.

Nos cambiamos rápido y alguno descubre que no tiene pantin, lo que provoca fricciones en el seno del equipo, de las que no hablaremos por la Censura..

La primera parte del recorrido, tras una rampa equipada, es una bonita cueva, que al final se convierte en un tubo por el que nos arrastramos, hasta una estrecha cabecera de un amplio pozo de 50 m. Le sigue una secuencia de pozos intercalados con pasos estrechos o incómodos, con un pequeño curso de agua que afortunadamente apenas lleva agua.

El último pozo amplio de unos 20 m., tiene en medio una grieta por la que corre el aire y en la que llevamos tiempo trabajando, quitando piedras para poder avanzar y encontrar de nuevo una vía de pozos, que pueda llevarnos a la gran cueva del Carcabon que se encuentra debajo.


La grieta ahora es un largo conducto de más de 30 m., con forma irregular por el que hay que arrastrarse hasta la punta, donde un eco mayor, nos da la esperanza de encontrar un nuevo pozo o  sala que permita seguir la exploración.

El problema es que las piedras que hay que sacar de la punta, ya no hay donde ponerlas por el tubo y sacarlas hasta el pozo requiere mas de 10 personas. Un pequeño ensanchamiento en medio del tramo ha permitido dejar mucho material pero ya está lleno.

Una vez todos en el lugar, decidimos ampliar un poco esta sala intermedia, para hacer mas espacio, pero a Cristóbal se le va la mano y acaba llenando el hueco de piedras, que habrá que sacar hasta el pozo.

De momento decidimos comer algo que luego nos liamos, así que disfrutamos entre otras cosas de la rica tortilla de la madre de Zape. Luego hacemos dos equipos, con Cristóbal, Marta y Moi en la punta y el resto vaciando la salita hacia el pozo.

Olga impone un ritmo machacón al equipo de vaciado, que lleva a Ángel y Zape a sudar acarreando piedras. Miran a Olga esperando que les de tregua, pero el buldócer es imparable e ignora las indirectas que le mandamos para parar. Pasan las horas y la salita coge volumen para acoger las piedras de la punta.

Pasadas unas horas el equipo de punta esta rodeado de piedras y necesita que las saquemos, así que nos desplazamos todos la último tramo del tubo y montamos una cadena para llevarlas hasta la salita que hemos despejado.

Son ya mas de las 18:30 y nuestras fuerzas escasas, por lo que dejamos el trabajo por hoy, con Zape frustrado, ya que hoy no le han dejado jugar con el taladro y solo ha podido romper algunas piedras a golpes. Algunos vamos a la punta para ver como está y lo cierto es que se oye un eco esperanzador y las piedras caen unos 5 o 6 m., lo que nos hace pensar en un pequeño pozo o salita, pero aun quedan 1 o 2 m. de piedras para  llegar a ver algo.

Es el sino del explorador que vive entre la esperanza y la desilusión, que unido a la terquedad les hace volver una y otra vez a lugares incomodos como este.

Nos equipamos y ascendemos por las cuerdas, para llegar sobre las 19:30 a la boca donde sigue algo de lluvia. La noche nos rodea mientras bajamos hacia el coche, tratando de no resbalar en el suelo empapado.

Una vez en el coche dejamos las mochilas y Cristóbal y Marta se ofrecen para bajar andando y de nuevo Olga que parece que no ha gastado bastantes energías se une a ellos.

Sobre las 21:00 estamos todos en la furgo, poniéndonos ropa seca y caliente que el frío continúa.

Luego nos vamos al Casa Montaña para comernos unas ricas raciones que nos repongan del esfuerzo.

No ha sido un gran día de exploración como todos los últimos en esta cueva, pero piedra a piedra se hace el camino y esperamos tener nuestra recompensa algún día de estos..

Veremos…

martes, 6 de enero de 2026

Los Reyes son los padres

 


 (05/06/2026)

Nota: como somos unos bardales, no hemos llevado cámara. Así que le hemos pedido a la IA que nos haga el trabajo sucio (nunca mejor dicho). En realidad, Wychy y yo somos como en esta primera imagen. No sé porqué luego la IA ha pasado a modo barato y nos ha representado de cualquier manera. Hijaputa... 

Llegan las navidades, y hay que buscar una excusa para meterse bajo tierra y así no tener que desear “feliz año” a toda esa gente que deseas ver muerta. Mmmm… creo que tengo que quitar el “modo sincero” a la IA cuando le diga que me genere entrada para el blog, así vamos mal…

Bueno, a lo que iba. Que quedo con Wychy la víspera de Reyes para continuar explorando una cueva que encontramos en el Barranco de Irías hace unos meses. Curiosamente, por un sitio por el que no pasa un espeleólogo desde que había refugio en San Pedro, la cueva la encontramos de manera independiente Patxi, y Cristina y yo, con dos días de diferencia.

Unos días después fuimos Patxi, Gelo y yo a la cueva, una fuente muy evidente en mitad del barranco. La cueva era usada por los paisanos, pues tiene una goma aprovechando el agua que mana. Pero, por lo demás, era virgen. Los tres remontamos algo más de 300 metros por un río que circula por un pequeño paquete de caliza entre estratos de arenisca, hasta que lo dejamos en una estrechez, con bloques cementados por colada por entre la que corría el agua. Al otro lado, se veía continuar con la galería.

Así que hoy volvemos para allá, a ver si podemos quitar esos bloques para continuar con tan aguerrida expedición. Tras un café rápido en el pueblo, nos vamos para San Pedro. Aparcamos en la carretera a dos grados de temperatura, viendo la cellisca que ha caído en la ladera sur del Pico.

    - Mmm, no sé si nos vamos a mojar mucho…

    - Que no, que el agua solo llegaba hasta las rodillas en un par de sitios, lo demás lo evitas bien. Con los patucos de neopreno, vale.

    - Ok.

Cogemos un antiguo camino carretero muy perdido que se interna en el barranco. Al de un rato, lo dejamos, cogiendo altura y enlazando farallones en los que encontramos diversos abrigos en los que el olor del jabalí es muy notable: no somos los únicos animales que hoy andamos por acá.

 


Llegamos a la boca de la cueva, y el estruendo del agua se oye desde lejos. Nos cambiamos, y el primer desafió es trepar la cascada inicial evitando el agua que cae, que es mucho más abundante que la visita previa. Como somos unos ratas, no dejamos cuerda, así que llegamos arriba un poco salpicados. Wychy comienza a mirarme raro.

La corriente de aire es muy evidente, y avanzamos siguiendo la goma los primeros 20 metros de cueva. Allí, comienza una zona un poco más estrecha, en la que vamos trepando por coladas…como podemos. El otro día se iba bien, con poca agua, pero hoy la cosa ha cambiado bastante.

    - Tú no das clase de anatomía, ¿verdad?

    - No, de historia, ¿por?

    - Porque si dieras clases de anatomía sabrías que los seres humanos no tenemos las rodillas en los pezones, gilipollas…

La cosa es quejarse, qué gente.

 


En el río encontramos restos de animales y basura típica (restos de cable, algún utensilio…). Suponemos que, aguas arriba, hay alguna torca cerca de alguna cabaña, que el paisano habrá usado de vertedero, como desgraciadamente hacen con tanta frecuencia. En realidad, la galería es muy recta y creemos adivina de dónde puede venir el río; pero, con estas cosas, nunca se sabe…

Tras varias trepadas complicadas, en las que acabamos un tanto empapados por las cascadas con las que nos deleita la cueva, llegamos a la estrechez. Allí estamos algo más de dos horas, metidos en un nicho, evitando la cascada que cae por nuestra derecha mientras intentamos mover los bloques encajados. Finalmente, Wychy logra pasar, y le sigo tiritando.

La galería sigue con unas dimensiones parecidas, alternando lugares con 3-4 metros de altura y 2 de ancho con otros más estrechos (sobre todo, por coladas). En algunos puntos las coladas nos obligan a andar a gatas por el río. El proceso evolutivo está llevando nuestras rodillas a la altura del cuello…

Un rato después el aire (que es muy fuerte) se vuelve más frío. Y noto olor a tierra.

    - Wychy, huele a calle.

    - Qué vas a oler, si no has lavado el mono en seis meses…

Pero sí, unos metros más allá, vemos el cielo. Salimos al exterior, y tras romper una maraña de zarzas salimos a un prado: efectivamente, hemos dado a un sumidero que ya intuíamos en la foto aérea. El río proviene de aquí, no parece tener ningún ramal penetrable más.

No nos dedicamos a celebrar esta victoria/derrota ni un minuto: el aire es helador, y estamos empapados de cuello para abajo. Volvemos hasta la estrechez, recogemos las cosas y tiramos para la boca de entrada. Habíamos pensado en equipar algunas de las cascadas, pero viendo que no volveremos mucho, bajamos a pelo, hundiéndonos (otra vez) en el proceso. Solo dejamos una cuerda en la cascada de entrada, que está francamente expuesta.

Son poco más de las tres de la tarde. La verdad es que la cosa ha sido rápida. El camino de vuelta, pese al pronóstico, nos recompensa con un atardecer algo más templado (cinco grados). Llegamos al coche con los pies como tablas. Acabamos la jornada comiendo en casa (gracias, Cris), con media botella de vino por cabeza, algo de orujo, y un roscón de reyes. Los republicanos también tenemos derecho a ser inconsecuentes, qué cojones.