Hornijo 17 de Enero de 2026
Las vacaciones de Navidad se han terminado y poco a poco el
personal piensa en volver a las exploraciones, eso si con unos kilos de más.
El tiempo esta muy inestable con vientos cambiantes y
lluvias débiles, pero decidimos volver a la cueva que llevamos tiempo
explorando en los montes de Valle en la sierra del Hornijo.
Parece que vamos a ser siete, lo que nos vendrá muy bien, ya que la punta precisa mucho personal para trabajar. Hoy contamos con Moi, que además trae su todoterreno lo que nos va ahorrar mucho esfuerzo y sudor.
También vienen dos amigos de La Rioja, Olga y Pablo, que les
apetece hacer algo de espeleo antes de partir para Noruega, donde harán un
viaje en bicicleta sobre la nieve, una de sus múltiples aventuras solo apta
para espartanos.
Quedamos a las 9:30 en el club, donde finalmente Pablo no
viene que esta griposo y se ha quedado en Castro calentito, así que estamos Marta,
Zape, Cristóbal, Moisés, Olga y Ángel.
Recogemos el material y tomamos un café en el Willy, de
donde salimos ya con una fina lluvia, que nos persigue hasta Valle. Dejamos la
furgo y cargamos las mochilas en el todoterreno, donde no cavemos todos así que
Zape y Ángel subirán andando, pero Olga ha venido a hacer ejercicio y quiere
conocer los caminos, así que se une y los tres toman los atajos que van
cortando la pista.
Nos reunimos todos al final de la pista y con las mochilas a la espalda, subimos hasta la boca de la que nos separan unos 20 minutos. La lluvia casi ha cesado pero la temperatura no supera los 8 grd.
Nos cambiamos rápido y alguno descubre que no tiene pantin,
lo que provoca fricciones en el seno del equipo, de las que no hablaremos por la
Censura..
La primera parte del recorrido, tras una rampa equipada, es
una bonita cueva, que al final se convierte en un tubo por el que nos
arrastramos, hasta una estrecha cabecera de un amplio pozo de 50 m. Le sigue
una secuencia de pozos intercalados con pasos estrechos o incómodos, con un
pequeño curso de agua que afortunadamente apenas lleva agua.
El último pozo amplio de unos 20 m., tiene en medio una
grieta por la que corre el aire y en la que llevamos tiempo trabajando,
quitando piedras para poder avanzar y encontrar de nuevo una vía de pozos, que
pueda llevarnos a la gran cueva del Carcabon que se encuentra debajo.
El problema es que las piedras que hay que sacar de la
punta, ya no hay donde ponerlas por el tubo y sacarlas hasta el pozo requiere
mas de 10 personas. Un pequeño ensanchamiento en medio del tramo ha permitido
dejar mucho material pero ya está lleno.
Una vez todos en el lugar, decidimos ampliar un poco esta
sala intermedia, para hacer mas espacio, pero a Cristóbal se le va la mano y
acaba llenando el hueco de piedras, que habrá que sacar hasta el pozo.
De momento decidimos comer algo que luego nos liamos, así
que disfrutamos entre otras cosas de la rica tortilla de la madre de Zape.
Luego hacemos dos equipos, con Cristóbal, Marta y Moi en la punta y el resto
vaciando la salita hacia el pozo.
Olga impone un ritmo machacón al equipo de vaciado, que
lleva a Ángel y Zape a sudar acarreando piedras. Miran a Olga esperando que les
de tregua, pero el buldócer es imparable e ignora las indirectas que le
mandamos para parar. Pasan las horas y la salita coge volumen para acoger las
piedras de la punta.
Pasadas unas horas el equipo de punta esta rodeado de
piedras y necesita que las saquemos, así que nos desplazamos todos la último
tramo del tubo y montamos una cadena para llevarlas hasta la salita que hemos
despejado.
Son ya mas de las 18:30 y nuestras fuerzas escasas, por lo que dejamos el trabajo por hoy, con Zape frustrado, ya que hoy no le han dejado jugar con el taladro y solo ha podido romper algunas piedras a golpes. Algunos vamos a la punta para ver como está y lo cierto es que se oye un eco esperanzador y las piedras caen unos 5 o 6 m., lo que nos hace pensar en un pequeño pozo o salita, pero aun quedan 1 o 2 m. de piedras para llegar a ver algo.
Es el sino del explorador que vive entre la esperanza y la
desilusión, que unido a la terquedad les hace volver una y otra vez a lugares
incomodos como este.
Nos equipamos y ascendemos por las cuerdas, para llegar sobre las 19:30 a la boca donde sigue algo de lluvia. La noche nos rodea mientras bajamos hacia el coche, tratando de no resbalar en el suelo empapado.
Una vez en el coche dejamos las mochilas y Cristóbal y Marta
se ofrecen para bajar andando y de nuevo Olga que parece que no ha gastado
bastantes energías se une a ellos.
Sobre las 21:00 estamos todos en la furgo, poniéndonos ropa
seca y caliente que el frío continúa.
Luego nos vamos al Casa Montaña para comernos unas ricas
raciones que nos repongan del esfuerzo.
No ha sido un gran día de exploración como todos los últimos
en esta cueva, pero piedra a piedra se hace el camino y esperamos tener nuestra
recompensa algún día de estos..
Veremos…
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