domingo, 17 de diciembre de 2017

Rubicera Otoñal

Rubicera 18 de Noviembre de 2017



 El otoño se presenta húmedo pero tenemos una ventana que nos permite acercarnos a Rubicera. Estamos solo tres por lo que nos decidimos a continuar algunas incógnitas que se quedaron pendientes en una anterior salida de inspección de galerías conocidas de la cueva. En concreto una zona que localizó Cardin bajo unos bloques en una galería amplia y que dejo en un paso estrecho.
Foto Zape

Tras el ritual de pasamanos hasta la boca y desplazamiento por las galerías clásicas de la cueva, llegamos pronto al punto donde nos dijo cardin que estaba esta incógnita.
Cuesta un poco encontrar entre los bloques el acceso, pero accedemos a un tubo de 2 m. de ancho por 1,5 m. de alto, que unos 10 m. después parece cerrado por arena. Pero justo a la derecha una gatera en roca de unos 0,4 m de ancha por 1 m. de alta permite seguir avanzando de forma bastante incomoda con giros bruscos y suelo pedregoso.. Todo un regalo para las rodillas. Llegamos al paso que detuvo a Cardin y Pedro consigue pasar y superar otro aun peor.. Luego desaparece  para volver mas tarde diciendo que ha llegado a un meandro amplio con un pozo. Pero las pasa canutas para volver a hacer los pasos en sentido contrario.

Foto Zape
Iniciamos los trabajos de desobstrucción pero el día no es el adecuado y solo abrimos los dos primeros pasos, que para Pedro han sido los mas complicados. Zape y Pedro avanzan por la gatera que se retuerce una y otra vez cada una con dimensiones mas reducidas. Yo voy detrás con la topo y serias dudas de que pueda pasar oyendo los problemas que tienen Zape para colarse en algunos pasos. Efectivamente tras pasar un giro por los pelos a base de subir la pierna y girar , llego al ultimo giro y mi fémur no pasa entre las curvas y tampoco hay margen para maniobras. Me toca salir con los pies por delante tanteando las curvas, que ya me costo pasar de frente y que me cuesta aún mas sin ver lo que hago. Por fin lo consigo y termino ese tramo de topo, pensando como siempre que no estoy hecho para esta actividad y debería pensar en buscar otra..
 
Salgo de las ratoneras y me doy un paseo por la zona, observando algunos tubos colgados y localizando una escalada a una posible continuación.. No tiene muy buena pinta pero habrá que intentarlo en algún momento.
Poco después oigo salir a los gusanos y me dicen que han bajado dos pozos por un meandro mas o menos amplio y alto con curvas cerradas pero practicables y que lo ha dejado en un pozo mas amplio, para el que no tenían material..
Aunque no he podido disfrutar de esta exploración , las expectativas son buenas y habrá que volver o por lo menos los paticortos del grupo.
Foto Zape

Les enseño la posible escalada y nos vamos para la calle revisando algunas zonas mas de esta área.
El resto de nuevo es rutina para nosotros, pero las cuestas nunca se vuelven más fáciles por mucho que las repitamos. De salida aseguramos el bloque del paso de la Lavadora con unos anclajes.
El día ha sido corto pero interesante, ya que puede que se haya abierto otra puerta oculta de esta gran cavidad… o no… quien sabe..

Rubicera 7 de Diciembre de 2017

El tiempo sigue inestable y a nevado mucho los días anteriores aunque el sol de ayer nos permitió hacer una bonita excursión por la nieve , bordeando el Colina. Esta desnevando mucho y los accesos a Rubicera están limpios pero el río seguro que está impracticable.
Decidimos continuar nuestras visitas a  galerías exploradas por la SEII y conocer así esta zona de la cueva, que es interesante y bonita a la vez.
Llegamos a los pasamanos de acceso sin novedad, pero al comenzar , zape que va en cabeza se encuentra de frente con otro usuario de contundentes argumentos para reclamar el paso. Un hermoso jabalí, que afortunadamente decide dar media vuelta y salir disparado hacia Rubicera, yo llego donde Zape y observo como corre por las estrechas cornisas hasta llegar a un paso que hay que bajar un poco y parece no encontrar el camino, por lo que se da la vuelta y viene hacia nosotros de nuevo.
Foto Zape

Me mosqueo un montón por que no es el lugar adecuado para encontrarse a un jabalí asustado, que tiende a embestir. Sin embargo el animal nos tiene más miedo que nosotros a él y se acerca al precipicio buscando una bajada, que casi consigue hacer de golpe; pero se lo piensa mejor y vuelve a intentar buscar un paso hacia Rubicera, cosa que consigue y sale disparado por el resto de la cornisa hasta que lo perdemos de vista al otro lado. Nosotros le seguimos con cautela ya que esa terraza solo tiene una salida y es trepando por rocas, cosa que dudamos que pueda hacer, con lo que existe la posibilidad de que vuelva de nuevo hacia nosotros...
Llegamos finalmente a la boca sin noticias del jabalí y nos cambiamos para entrar. Pronto estamos avanzando por las bonitas galerías y remontando las cuerdas de las escaladas de la SEII, que se han currado mucho esta zona. 
Foto Zape

Llegados al nivel que visitamos la última vez, continuamos ascendiendo por otras cuerdas fijas a las que sigue un corto pasamanos y otra cuerda de bajada a una salita donde nuestros estómagos y sobre todo el de Marta reclaman que los rellenemos un poco.
Tras el receso continuamos visitando la zona con cuerdas cortas que suben y bajan pequeños resaltes. Zape descubre un posible tubo oculto en un estrato superior y dando un rodeo lo alcanza y se pierde durante un buen rato, hasta que oímos su voz desde lo alto de la galería principal por la que progresamos el resto.
Esta galería tiene corriente de aire clara y buenas dimensiones con algún destrepe equipado que nos lleva hasta un antiguo vivac de la SEII, cerca de un pequeño curso de agua que llega por unos bonitos gours, que se remontan y tras una cuerda nos dejan en una sala de bloques por la que llegan dos aportes. Uno del techo y otro mas caudaloso que sale debajo de una lamina de colada.
La sala conduce a una galería ancha y baja que esta cortada por el medio por un profundo meandro al que no vemos forma de bajar, pero que una búsqueda por la sala nos conduce a un paso y otra cuerda que permite llegar al fondo del amplio meandro.
Foto Zape

Mas adelante un cruce de dos meandros nos hace tomar la dirección mas al Este, que se va reduciendo de tamaño por numerosas coladas y con varias escaladas equipadas por la SEII, hasta llegar a un pozo de unos 8 metros que está desequipado.
Nos retiramos y volvemos sobre nuestros pasos revisando algunas zonas  y tomado el camino del exterior, pensando ya en la cena que tomaremos donde Margari, y con la duda de si nuestro compañero de excursión habrá podido salir de las cornisas o seguirá allí esperándonos para darnos un susto nocturno.
Llegamos sin novedad a los coches y cumplimos nuestros sueños gastronómicos.
La excursión no ha aportado grandes novedades pero al menos ha sido divertida; está claro que esa zona está muy currada por la SEII y será difícil encontrar novedades, pero todo se verá...
 



martes, 14 de noviembre de 2017

Tan cerca, tan lejos...





Tras la última visita a la Maza, y pasado un -largo- proceso de recuperación de las agujetas (nos dolía desde el himen hasta las pestañas), pues era el momento de pasar los datos al ordenador, cosa que le toca al ingeniero sapientín. Con los doscientos y pico metros nuevos de topo superamos los 142 kilómetros de galería, y el maldito meandro sigue zigzagueando hacia el norte, aún a más de 300 metros del Sumidero de Rueñes, con el que creemos que está relacionado... Pásalo a la foto aérea, a ver... Joer, cómo me suena a mi esa zona...

Efectivamente, los datos nos muestran que estamos a unos pocos metros en planta, y a menos de 30 metros en cota, de una cueva que exploramos en el campamento de Fuente Fría de 2014 (FM-1). Fue Jesús el que la encontró, ya marcada previamente por la SEII, y allí nos metimos a revisarla. Era una cueva que seguía uno de los omnipresentes estratos de arenisca, y que tras bajar un par de rampas y pozos, nos dejó en una sala en cuya base un estrecho laminador de más de 30 metros nos situaba en una zona colapsada entre bloques, entre los cuales se veía la calle. Tras topografiar los 125 metros que tenía, no le dimos mayor importancia... hasta hoy.


Pero vistos los resultados del última día, toca "examen de conciencia" (que no se diga de la educación jesuítica, no todo va a ser sodomía y sodomía...). ¿Se nos pasaría algo por alto? Así que para allá nos vamos Gelo y yo, con la esperanza de encontrar algo que nos evite otra paliza de 14 horas... La idea es revisar la cueva, y buscar por los alrededores alguna posible grieta que comunique con las galerías que tenemos debajo. No tenemos muchas esperanzas, pues todo indica que las dos cuevas se desarrollan en estratos diferentes, aunque coincidentes en inclinación y situación. Pero de ilusiones también se vive (que se lo digan al pobre Puigdemont...).

Corte en el que se ven parte de las galerías de la Maza, la FM-1 y el Sumidero de Rueñes

En primer lugar dedicamos un par de horas a prospectar por la zona, aprovechando que por fin el otoño ha hecho acto de presencia y la vegetación ralea. Reencontramos algunas de las simas que ya teníamos localizadas (y que carecen de interés) y localizamos dos grietas que merece la pena revisar, aunque requerirán tareas de desobstrucción, pues están parcialmente rellenas de bloques. En una se intuye lo que parece un tubo, pero el viento sur que sopla hace imposible saber si tiene algo de aire...

Después entramos en la cueva. Como desagradable sorpresa, hoy lleva agua. El laminador de 30 metros implica mojarse entero, y la recompensa al otro lado es nula: el agua se filtra entre un caos de bloques completamente impenetrable, y sin nada de aire. Por aquí no vamos a llegar muy lejos... Revisamos todos los rincones, pero lo cierto es que ya en 2014 habíamos sido exhaustivos.



Desinstalamos y volvemos poco a poco hacia el coche, paseando la vista por las campas de brezos y árgomas bajo las cuales sabemos que se desarrolla el meandro que nos quita el sueño (y la salud). Lo fácil que es pasear por fuera, y lo jodido que es por dentro... En fin, como dijo MacArthur tras ser expulsado de Filipinas por los japoneses en la II GM: "¡Volveremos!". Para que luego no digáis que este blog no es educativo...

lunes, 30 de octubre de 2017

Entre máquinas y titanes, pervivimos los patanes (28/10/17)



Pues llega el sábado por la mañana, y en el club aparecen el máquina Wychy, el titán Gelo y el crack Pedro...

-¿Crack? Yo quiero ser, por lo menos, titán...
- ¿Tú titán? Como mucho, monstruo. Y por lo feo...
- Cojones sabrás tú, que tengo un fepé de espiología de la Ejcuela que se caga la perra...
- Bueno, pero en el...
- Tú a callar, que lo único titánico que tienes es la nariz...
- Y tú la imbecilidad...

Tras un animado procés trufado de exabruptos y estupideces por todas partes (¿les suena?), el titán Gelo nos aplica el 155 (con rima consonante) y nos suspende la soberanía, tras lo cual nos lleva al Botija a tomar un café, que nos va a hacer falta. Subimos los tres por Astrana, y vemos que el Mortero está lleno de bugas. Poco más allá dejamos el coche, entre el sutil aroma de un camión que anda abonando que es un primor. La aproximación es idílica, chapoteando entre los prados cubiertos de mierda... 

Entramos en la Sima de la Maza, tan poco agradecida como siempre. Y es que, en todo el recorrido, apenas hay unos seis metros (contados) en los que se pueda caminar con normalidad. Todo lo demás será meandro, bloqueras, laminadores, cuerda... Lo ideal tras el parón veraniego, vamos.


Bajamos con relativa rapidez  la zona vertical (lo normal; y es que somos unos máquinastitanescracksdelahostia; o más), alcanzando el meandro que, tras un rato de remontada, nos deja en la gran galería fósil que encontramos hace un par de años. Comemos rápidamente (el máquina Wychy nos agasaja con un bote de miel que caducó en 2015, y que debe llevar abierto desde entonces), y hacemos acopio de material para ir hacia la punta.

Ahora comienza el verdadero desafío extremo: meterme en un neopreno que compré cuando tenía 25
años. Lo consigo a duras penas (con una pequeña ayuda del titán Gelo), y además consigo que no se me salgan (demasiado) los intestinos por la boca. Una morcilla de Burgos con la movilidad del muñeco Michelín, sí señor. Lo ideal para el resto de la jornada...

Y es que desde la galería fósil nos toca remontar un río que se desliza por el típico estrato margo-areniscoso del macizo, cubierto por una "babilla" que, junto con los 10 grados de inclinación (a ratos, más) hace casi imposible ponerse de pie. Como además de titanes y cracks, somos unos genios científicos (uno hasta lleva gafas), pues desarrollamos diversas hipótesis sobre el origen de la babilla: aunque no hay consenso, la teoría de los flujos seminales de una antigua raza de aliens es la más aceptada. Dado que no hay más remedio que ir arrastrándose por el agua, esperamos no quedarnos embarazados (al menos, que no vengan gemelos).



Este tramo se alarga durante unos 400 metros, cortado por una escalada que nos permite salvar la fractura del estrato. Por el camino, van quedando los harapos del chubasquero de Wychy. Llegamos finalmente a la punta: una escalada realizada a medias (para variar, se acabó la batería) que busca superar una cascada de unos 10 metros. El máquina Wychy coge la máquina (taladro) y se pone a escalar, mientras yo (el crack) le aseguro y el titán Gelo va haciendo la topo. Tras subir unos 6 metros, alcanza una repisa por la que puede realizar una travesía de unos 8 metros, llegando a otra repisa que nos permite (con cuidado) destrepar a una salita lateral. Estamos por encima de la cascada, en una revuelta fósil del meandro, pero de frente vemos una nueva cascada, que exigiría realizar escalada y travesía. Mientras se valoran las diversas opciones, voy desinstalando la escalada previa, para reaprovechar el material. Finalmente, el titán Gelo sube a pelo por un lomo de roca, y desde allí accede a otro tubo fósil. Tras salvar un desfondamiento, logra situarse encima de la segunda cascada. Desde allí, una bajada de seis metros nos permite situarnos en el río, y remontar aguas arriba.




Apostamos cuántos metros podremos continuar antes de dar por finalizada la exploración (la batería ha muerto, y sólo nos queda una cuerda). Yo (el crack) apuesto por unos 20, viendo los antecedentes del día; el titán Gelo, 100 (raro en él, dado su consustancial pesimismo), mientras que el máquina Wychy, 70. El meandro sigue con poquita inclinación, rompiendo la tónica previa que traíamos hasta acá. Sobre el estrato margoso, aparece la caliza pura, y la parte superior muestra un volumen notable, mientras que por abajo en ocasiones tenemos que sortear algún bloque empotrado.


La merienda de los campeones...

Remontamos con vueltas y revueltas unos 80 metros, hasta llegar a la base de una nueva cascada. Aunque parece que la jornada acaba aquí, el titán Wychy (no, joder, que Wychy es el máquina) se sube en oposición desde más atrás, y accede a un roto nivel fósil. Un paso regulero en una pendiente inestable nos permite evitar la cascada, y continuar río arriba. Otro paso de hombres nos sitúa en un lugar con una curiosa formación de arenas amarillas, y seguimos remontando. Finalmente, nos detenemos en una gran marmita alimentada por una cascada de unos cuatro metros, imposible de flanquear por ningún otro lado. Es una lástima lo de la batería, pues con un par de parabolts se podría resolver. Arriba, el tamaño sigue siendo grande, pero tendrá que ser para otro día...






 




Retrocedemos dejando cuerda en algún punto, mientras topografíamos y sacamos alguna foto; en total, unos 220 metros de nuevas galerías. La bajada por las zonas de meandro-laminador es menos trabajosa, pero requiere atención para no coger velocidad. Apenas nos ponemos en pie en los 400 metros, dejándonos deslizar pendiente abajo. Finalmente, a eso de las diez de la noche llegamos a la gran sala, donde comemos los restos que nos quedan, tras luchar denodadamente para quitarnos los neoprenos.







Salimos para la calle con unas sacas que pesan bastante más que antes. Los retoques realizados en la instalación en las últimas entradas dan sus frutos, y el retorno se hace llevadero; aún así, para la salida estoy más hasta el rabo de la sima que del tema catalán (bueno, igual no tanto). A la una y diez de la mañana estamos en la calle, tras 14 horas de tute. Ya sólo nos queda volver al coche, entre el embriagador aroma del estiércol que, ciertamente, tampoco es muy diferente del que emanamos nosotros. Espera, no: nuestra fragancia se debe a la testosterona propia de máquinas, titanes y cracks. Mucho macho...