sábado, 25 de mayo de 2024

Cuevaterapia.


Macizo del Hornijo  11 de Mayo de 2024

El fin de semana se presenta sombrío para Zape, no hay nadie más para hacer espeleo y ya se ve de excursión por el monte con Marta, lo que no le motiva en exceso.

Finalmente mis planes para el sábado se complican y estoy disponible para ir de cuevas. Envío un mensaje a Zape, que rápidamente me llama para trazar planes espeleológicos que le libren de la condena que le esperaba.

Decidimos volver a la cueva de la semana anterior, donde dejamos un pozo de 50m., sin poder llegar al suelo por falta de cuerda y con el aire bajando por allí. Esto para un espeleólogo, es un imán difícil de evitar.


 El pronóstico del tiempo es muy caluroso, con tormentas o lluvia por la tarde, lo que seguro nos hará sudar para ascender los más de 450 m. de desnivel que nos esperan.

Quedamos en el club sobre las 10:00 para recoger el material sobre todo más cuerda, anclajes y material de desobstrucción. Cafetito y salimos.

Aparcamos la furgo y cargamos las mochilas, que resultan muy pesadas al ser solo tres operarios. El calor ya aprieta y se superan los 25 grd.

Ascendemos con mucha calma, con Marta tratando de sacarse el catarro que arrastra toda la semana y que seguramente le pegó Wichi la semana anterior.

Finalmente tras 1:15h. de pateo llegamos a la cueva, que nos ofrece su frescor y sombra, mientras comemos un poco en horario francés. Cuando llenamos la barriga, nos ponemos el equipo y entramos en la oscuridad.

Empezamos por reequipar el pozo de entrada, que en su parte final es una rampa resbaladiza, que conviene asegurar. La terapia semanal de Zape comienza, tras una semana dura de trabajo, en lugar de ir al sicólogo, el cura o al bar como todo el mundo, su tratamiento favorito anti estrés es la cuevaterapia. Instala con un ímpetu e ilusión de niño, que ni se nos pasa por la cabeza quitarle el taladro.

 

Terminada esta parte, avanzamos por la cueva y llegamos al tubo final, donde ampliamos algún paso y quitamos bloques sueltos, que complican el arrastre de los cuerpos y las sacas.


 La cabecera del pozo también es atacada por Zape, hasta que cumple los estándar para todo tipo de humanos. Ahora viene la mejor parte, donde más disfruta sacando el spitador y gastando una fortuna clavando spit como si los regalaran. Por lo menos hay que reconocer que lo deja bien instalado. El aire entrante es claro.

 

Marta y yo le seguimos mirándonos, sin necesidad de decir nada y en el fondo contentos de que por lo menos lo disfrute.

Zape llega a la punta del día anterior, es decir a unos 10 m. del fondo del pozo, donde de nuevo se le termina la cuerda de 60 m. que lleva. Pero esta vez tenemos más cuerda y consigue llegar al final del pozo de los Renacidos, que es como hemos bautizado esta vertical.

Revisa la base del pozo y comprueba que solo hay un estrecho meandro, que tras dos giros, se hace mucho más pequeño. Al menos parece que el aire se mueve por allí, aunque empezamos a notar cambios de sentido de la corriente.

 

Es un jarro de agua fría que el fondo de un pozo tan amplio se quede en un agujero tan pequeño. Pero llevamos muchos años en este negocio y tampoco nos pilla de sorpresa.

Esa experiencia nos hace buscar otras alternativas y Zape acomete con ímpetu renovado un pasamanos por una vira horizontal, en busca de un posible nivel superior del meandro, que intuimos a la izquierda, en la pared de una amplia chimenea, que se une a la vía del pozo por la que bajamos.

Cuando llega al otro lado y desciende sobre la repisa, efectivamente hay una fisura horizontal con algo de aire, pero esta muy colmatada y no parece ser la solución.



 Finalmente vamos el resto haciendo algo de circo para llegar al pasamanos y con la topo.

Volvemos a bajar al fondo del pozo para evaluar mejor la situación y comprobamos que unos dos metros mas abajo, se amplia el paso y hay un pequeño pozo de unos 10 m. Esta claro que nos espera bastante trabajo pero no es imposible. Como tenemos algo de material, empezamos los trabajos de  quitar piedras, comprobando que el aire se mueve claramente por allí, aunque con cambios de sentido.

Cuando nos cansamos , empezamos el ascenso, corrigiendo la instalación para llegar directamente al fondo del pozo y reforzando algún anclaje más.

 

Una vez en lo alto del pozo, solo nos queda un corto recorrido por la cueva para salir al exterior, donde comprobamos que esta pasando una tormenta, lo que puede explicar los cambios de sentido de la corriente de aire, que hemos notado en el interior.

Mientras nos cambiamos, la lluvia cesa y podemos descender tranquilamente, con Zape mucho mas relajado después de su tratamiento de Cuevaterapia.

 

Para completar el tratamiento, terminamos cenando tranquilamente en Valle, planeando las futuras exploraciones en esta zona.

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